29/07/07

Persiguiendo un sueño

Es sábado por la noche, y por miedo a equivocarme de nuevo, debido a que mi intuición ya no es lo que era, me tumbo en el sofá a hincharme de palomitas y hacer un poco de zapping.

Título de la película: Persiguiendo un sueño. Me leo la sinopsis: un chico no está seguro de querer casarse con su novia de hace seis años por si no es la mujer de su vida. Chico que busca la mujer perfecta porque cree que en algún lado debe estar. La película, aunque en clave de comedia, porque el título original es Buying de cow –o séase, Comprando la vaca- ya que empieza diciendo: ¿Por qué comprar la vaca pudiendo tener la leche gratis?, veo que tras un título original patético y un inicio igual, esconde un argumento defendible para mí.
30516d1d23cc20419ffaa069f5b04021.jpg
Sus amigos le dicen: ¿No te casas porque tienes miedo al compromiso?, y él responde: No me caso por si no es la mujer adecuada. ¡Cuántas veces he pensado yo esto!, ¿por qué comprometerme con alguien que sé que no está hecho para mí? ¿por qué tener que sufrir una condena de cadena perpetua con alguien que sé que dentro de poco tiempo dejará de interesarme?.

En un momento de la película, él parece decaer, y afirma que la mujer perfecta no existe, que todo es un absurdo. Por un momento me desilusiono, ¿se ha rendido? ¿ha hecho ya que como el resto de los humanos?, pero no, al final vuelve a oir las campanillas, reconoce a las mariposas recorriendo su estómago, y la ve allí. ¿Por qué has tardado tanto? –le dice ella.

¿Alguna vez me dirá alguien algo así?, o lo que es más interesante, ¿me lo dirá la persona que espero que lo diga?, porque si las campanillas, las mariposas y todas esas cosas no son mutuas, entonces... ¿para qué?.

Era sólo una película, más bien tonta, la verdad, pero me hizo pensar que no soy la única que tiene esta teoría absurda de que el hombre perfecto (para mí) tiene que existir en alguna parte de este mundo. Lo difícil es encontrarlo.

Llevo tanto tiempo bajo esa capa de hielo, que más que capa se ha convertido en una costra, que me es imposible sentir nada. Últimamente he llegado a la conclusión que daría cualquier cosa por estar enamorada, aunque no fuera correspondida. Sólo por el hecho de sentir algo, de emocionarme, de que algo me importe.

Mi ex marido está de viaje con los niños.
- Papá tiene novia –me dijo mi hijo mayor la última vez que hablamos.
- Vaya, éste culo veo, culo quiero.
Pero en el fondo le envidio. Envidio su capacidad para lanzarse, comprometerse, disfrutar y, básicamente .... amar.

20/07/07

Buscando lo imposible

Me preguntan si no hay chicos normales a mi alrededor, que siempre tengo que acabar encontrándolos enredados en Internet, donde, según un estudio, el 71% de los hombres registrados en portales de contacto, han mentido en el momento de definir su perfil. Y no sólo en ese momento –añadiría yo.

Pues no, no los hay. Decían que se ligaba en la puerta del colegio, pero no sé si es que yo voy poco –a posta, diría– pero no encuentro ningún padre que me parezca interesante. En el trabajo... pues en mi trabajo hay una gran mayoría de mujeres, y él único que me parece mínimamente interesante es el guardaespaldas de mi jefe, pero que, lamentablemente, está casado.
c35a2a3b66e3f56f62bb7d5c0ce05fe5.jpg
Así que por falta de tiempo libre, de oportunidades y demás, me he visto volcada a buscar a mis acompañantes por el sistema que está en el número tres del ranking. Hasta ahora decía que había tenido suerte porque, a pesar de todo, eran buenos chicos. Buenos chicos, ¿por qué?, ¿por qué no me han violado o asesinado en el encuentro? –como muchas de mis amigas temen– porque por otra razón no sé porqué decía yo que eran buenos chicos. Lo que sucede es que antes lo miraba yo desde otra perspectiva.

Hablaba de los chicos del calendario tomándomelo a risa, me importaba poco lo que pasara o lo que ellos pensaran, recién salía de un divorcio y no miraba más allá. Me podía reír de las situaciones y de ellos –ahora también lo hago– pero a veces mi risa es un poco más amarga.

Desde principios de este año empecé a verlo de otra forma y empezó a pasarme por la cabeza eso de una relación estable que no fuera formal. Ya sé que eso es imposible –como César me reconoció (uno de los pocos amigos que sí he hecho por Internet)– pues nunca se sabe dónde está el límite y cuando quieres que aparte de estable sea formal, o si la otra persona seguirá el mismo ritmo a las secuencias del tiempo.

Desde principios de año, la cantidad ha bajado, ya no existía el chico octubre, noviembre o diciembre como hasta entonces. Cuando conocí a Koldo, pensé, ilusa de mí, que podría ser monógama a partir de aquel momento, porque Koldo era diferente. Pues sí, sí lo es, pero que sea diferente no quiere decir que sea mejor que los demás, como así ha quedado demostrado.

En lo que va de año las relaciones han sido escasas, como personajes nuevos han entrado Koldo, Samuel, Ernest (sólo comimos juntos) e Isidoro, el piloto, o presunto piloto, porque a veces hasta dudo que eso sea cierto. De relaciones anteriores, creo recordar que sólo he repetido con César, que al fin y al cabo es el único que me ha demostrado que podemos hacer otras cosas juntos aparte de acabar en la cama –aunque la mayoría de las veces acabemos-. Así que puedo decir que este año he estado más comportada, aunque no por eso he tenido mejor suerte.

Koldo ya sabemos, ¿para qué añadir más?. La última vez que hablé con él –viernes pasado- me preguntó si podíamos vernos.
- Tengo una cena de trabajo –le dije.
- Yo tampoco puedo, mañana tengo que levantarme a las 6.
- ¿Entonces porqué coño me dices nada?.
Desde ese día no hemos hablado más, ni falta que hace.

Samuel
apenas me habla, y si soy yo, que aunque sea por educación, le saludo, me despide pronto con un: “te tengo que dejar que tengo cositas pendientes...” Y yo ya me lo imagino diciéndose a sí mismo (como me contaba que hacía con las demás): “sí, seguro que ésta se va a creer que voy a estar aquí pendiente de ella”. ¡Y eso que ese es el que parecía más normal de entrada!.

Ernest se me conecta el otro día y, entre otras cosas, me pregunta si tengo a los niños.
- No, están de vacaciones con su padre.
- Pues a ver si me invitas un día.
Después de un silencio realmente sorpresivo le digo:
- ¿Yo? ¿qué pasa con tu desliz?.
- De momento se ha regresado a su país.
Si se la ha traído, se supone que es porque está enamorado, o al menos, semienamorado, y además se van a ir de vacaciones juntos. ¿A qué viene invitarme a salir a mi? porque viendo lo que veo, para echar cuatro charlas no va a ser.

Y para terminar, Isidoro... ese, desde luego, ni cuatro charlas ni una, ya que sólo sabe hablar de sexo y de su ex mujer. ¡Y que harta estoy de que me pregunten si son buenos en la cama!. Koldo también tenía esa costumbre. Esa es una pregunta que sólo admite una respuesta, pues si no quieres que le descienda el ego y otra cosa, no queda más remedio que decir que sí. ¿Acaso yo voy preguntando si soy buena?, pero ellos van más allá, no preguntan si son buenos, lo afirman, que es mucho peor.
- ¿Es que te lo dicen muchas veces? –le pregunté un día a Koldo.
- No, por eso te lo pregunto a ti.
Y es que Koldo, al menos iba para nota, esa gracia sí la tenía, pero Isidoro... ese justito pasaba el cinco pelado.

Y luego la manía de presumir del tamaño de su herramienta.
- ¿Habías visto alguna igual?, has pensado en ella, ¿eh?.
- Pues sí, igual y mayor –ya tuve que responder algo mosqueada.
A ver si se cree que entre documento y documento en mi trabajo, hacía una pausa para recordar la maravilla que él tenía entre piernas.
- ¿Mayor? –dijo sorprendido.
Pues sí, mucho mayor, como Axel, el chico marzo 2006, pero él nunca presumía de eso. Isidoro sí, ya se sabe, dime de que presumes y te diré de qué careces. Carecer tampoco es la palabra, pero que tampoco era para echar cohetes, y menos que me lo restregara todo el tiempo.

O sea, que siguiendo un buen consejo que he encontrado en uno de los comentarios, tengo bien a mano mi vibrador –tamaño estándar, eso sí-, que lo uso cuando quiero, no me planta, ni me miente, ni me falla, sólo si se le acaban las pilas, pero para eso siempre tengo un par bien cerquita.

15/07/07

Nuevo error

Hace días que no leo blogs, por falta de tiempo. Hace días que tengo el mío abandonado, por falta de ganas.

Hasta ahora si tuviera que seguir escribiendo sobre mis desamores, el protagonista sería Koldo. Pero no porque tenga nada con él, si no porque es siempre la misma canción: Quiero verte, pero... quiero dormir contigo, pero... no podemos quedar porque tú sólo quieres sexo de mí (¡ojo!, eso lo dice él, ¡manda huevos!), ya sé que soy muy raro... Para acabar con la misma frase. ¿Qué piensas de mí?. Pues lo mismo de siempre, hijo, que eres un indeciso, un niñato, un aburrido, y que no sabes lo que quieres.

Por tanto, para hablar de Koldo, mejor no hablar de nadie.

A veces he hablado del resucitar de los muertos, porque gente que hacía tiempo que había desaparecido de mi vida, aparecían cuando menos me lo esperaba. Siempre al mismo tiempo, en la misma semana, incluso en el mismo día. Esta vez también ha sido así.

Primero me agregaron al msn. Estuve dos días decidiendo si aceptaba o no; no me gusta que me agregue alguien que no sé quien es. Al final pudo más la curiosidad. Era Cosme, el viudo mentiroso. Resulta que se había reconciliado con su ex mujer. Sí, porque parece que sí era viudo, pero se le olvidó comentar que también era separado. Dos meses después se da cuenta de que se ha vuelto a equivocar (eso dice), y se acuerda de mí. De mí, con quien nunca ha tenido nada.
- Si no me interesaras, no te habría buscado.
- Hay mucha gente que me busca, y sé que no les intereso una puta mierda (hablando pronto y mal).

Quizá más adelante tenga ocasión de seguir hablando de él. Pero el muerto viviente que me chocó fue Ernest. Sí, Ernest, quien después de tres meses viajando por lo ancho y largo de este mundo, se digna a saludarme.
- Te has olvidado de los amigos –digo después de que me saludara él, ya que no tenía yo intención ninguna de hacer el gesto.
- Si justo acabo de regresar hoy y ya estamos hablando...
Yo quedé en silencio.
- ¿No cuela? –añadió.
- ¿Y qué has hecho estos tres meses? –dije.
- Trabajar, trabajar, trabajar y... un desliz, que también soy humano.
- Me parece muy bien –le dije tranquilamente.
- ¿En agosto estarás por aquí? –dijo- es que ahora en julio me voy de vacaciones.
De repente, la conexión desapareció, para volver a los pocos minutos.
- Lo siento, se desconectó.
- Creí que habías desaparecido ya.
- No. aún no.
- Como tienes esa costumbre... –añadí.
- Ummm, tocado... y casi hundido. Bueno, ahora sí que desaparezco.
E inmediatamente se volvió a cortar la conexión.

Al poco rato volvió a aparecer en pantalla.
- Hola por tercera vez – rió.
- Pues hola.
- Es que... verás, me he traído el desliz aquí y no quería que el primer día me viera hablando con otra chica.

Acabáramos. No, si a mi me parece muy bien, si él y yo no llegamos a tener nunca nada salvo varias conversaciones a través de la pantalla y una comida. Si yo ya sé que si me llamaba la atención más que otro era justamente por eso, porque se había acabado aquí.

Ahora, lo que no entiendo es, ¿a qué viene conectarse tres veces mientras su desliz está en la ducha?: ¿para contarme que tenía novia?, no necesita darme explicaciones al respecto, si ha podido pasar tres meses sin dar señales de vida, no hace falta que ahora me explique nada. ¿A qué viene preguntarme si estaré en agosto por aquí?, ella ya se habrá regresado a su país, pero... ¿para qué quiere verme a mí?. No lo entiendo, una vez más, no entiendo a los hombres.

Pero bueno, no me he puesto a escribir hoy ni para hablar de Koldo, el que no sabe lo que quiere, ni de los muertos vivientes, que aparecen cuando menos uno lo espera o desea; quería hablar de mi último fracaso (llamémosle... ¿sentimental?).

Domingo pasado, después de la playa me apetece salir un rato. Me conecto a ver quien hay. Sólo Koldo. Pero desaparece al momento. Que no, que no hablaré de Koldo esta vez. Así que me voy a la página de contactos. Hay 18 mensajes, debe ser que el programa no funciona bien, nunca he tenido tantos mensajes en un día, o es que llega el verano y aprieta el calor...

Como siempre, no hay ninguno que me guste lo suficiente. Bueno, veo uno que no está mal, tiene cara de simpático, y encima está conectado. Enseguida responde a mi mensaje, hablamos un rato y él me propone que nos encontremos. Lo encuentro un poco precipitado, pero tampoco tenía nada que hacer. Está claro que me equivoqué. ¿Y cuando no te equivocas tú, mona? diréis alguno. Lo que pasa es que esta vez lo he visto yo solita, y enseguida.
531d57ac02a755acef328734804f672f.jpg
No estaba mal, aunque un poco callado. Tampoco importó mucho pues enseguida pasó lo que suele pasar (eso que llevaba unos meses queriendo evitar). Sí, reconozco que caí de nuevo. Es que el chico tenía su morbo, era piloto militar, y ya me lo imaginaba yo como Tom Cruise en Top Gun. La verdad es que el tema fue bastante bien, y después ya perdió la timidez y habló sin parar.

Cuando se fue me quedé contenta, no como cuando se iba Koldo y empezaba a pensar que era la última vez que caía, y que no quería volver a verlo más.
- ¿Querrás repetir? –dijo con la mejor de sus sonrisas.

Durante esta semana hemos hablado varias veces. El ya daba por supuesto que nos íbamos a ver este próximo fin de semana. Así que el viernes ya preguntó:
- ¿Quieres que te pille el sábado, el domingo o los dos?.
- Podemos empezar por el sábado.

Lo que sucede es que a mí ya empezó a cambiarme el chip. Ya sé que son “amistades” basadas en el sexo, pero un interés sexual tan descarado tampoco me interesaba. Aún así, acepté quedar el sábado, o sea, ayer.

Hablamos al mediodía y quedamos para la tarde. En ese momento puedo decir que mi interés había menguado, aún así me apetecía verlo. Pero en el tiempo que tardó en llegar, en mi cabeza había sonado el clic mágico. Me daba igual si venía o no venía. Vino, me besó suavemente en los labios, hablamos un rato, no mucho, pero.

Le conté que la noche anterior había salido con mis compañeras de trabajo, pero había regresado pronto a casa.
- Claro, sabías que hoy tendrías a tu piloto, con el que seguro has estado pensando toda la semana....
Uyyy que la cosa estaba empeorando. Si ya encontraba que estaba un poco por debajo de mí culturalmente, pero no me importaba porque... me ponía, ¡qué caramba!, ahora eso de que me fanfarroneara no iba conmigo. Además, otro como Koldo que debía pensar que estaban ahí para hacerme un favor.

Otro que se creía que era el mejor amante del mundo, con un aparato que suponían iba a quitarme el hipo.... (y no hablo del avión) y todo el encanto, que ya había ido marchándose a lo largo de la tarde, se alejó del todo. Se alejó el encanto y se alejó él, que ya parecía estar a años luz de mí.

02/07/07

De Pinto a Valdemoro

O lo que es lo mismo, de Jesús (antes J) a Pepe (antes P8).

Recibí una invitación a la fiesta anual en casa de mi amiga Sonia. El año pasado, asistí por primera vez. Véase: Extraña inquietud.

Ya he manifestado en diversas ocasiones mi poco interés por las fiestas multitudinarias, donde como dije ya una vez, nadie está en mi carril. Es estar allí, observando, dándote cuenta de que todos/as caminan en sentido contrario al tuyo.

Ante mis dudas a asistir a la fiesticita, Sonia me mandó un mail en el que me informaba que asistirían nuestra amiga C, con el marido, otra amiga, M, con su nuevo novio, y Jesús y señora, que “supongo –decía- confía plenamente en ti”. También me recordaba que el año anterior encontré “novio” [refiriéndose a Pepe].

Viernes por la tarde, al ser viernes ya, recibí el típico sms de Koldo, después de no saber nada desde el domingo pasado.
Koldo: Tengo ganas…
BdG: La verdad es que no te entiendo, y empiezo a cansarme de que sea así. Además, estoy muy liada.

Silencio.

Sábado noche. Me voy a la fiesta, intento no ser puntual, pero no lo consigo. Llego la primera, como siempre, y aunque me espero dentro del coche, cuando entro, sigo siendo la primera.

Al poco rato entra nuestra amiga M. Su recién estrenado novio está bastante bien, a pesar de que se trate de alguien mayor que yo. Estamos charlando cuando entra Pepe. Sonia hace las presentaciones con M, su novio… De repente se vuelve hacia mí, levanta la ceja y se acerca para darnos el beso de rigor. Chocamos, pues yo se lo voy a dar en la mejilla –ya que estamos rodeados de gente- y él me lo da en plena boca. Aunque no soy de sonrojarme, lo hago.
- ¿Cómo va todo pequeñaja? –dice.
- Como siempre, ¿y tú?.
- Como siempre y algo más.
Luego se va y apenas le veo en mucho rato. Yo le observaba de reojo, lo veía hablando con gente, pero a mí ni se acercaba.

Llega después nuestra amiga C, con ese marido casi sesentón al que hace más de quince años que no veo. Se acercan a saludar. El mira a su mujer y dice: “Ya sé que me has dicho que me comportara, pero no puedo”. Yo me acerco a besarle en la mejilla, lo que él aprovecha para cogerme el culo con las dos manos. Miro a su mujer con cara de espanto, y ella sonríe y levanta los hombros. Pongo pies en polvorosa.

Me acerco a la mesa donde están los canapés (no había ni comido ni cenado). Me sigue el marido de C.
- Quiero decirte algo.
- Dime –sigo sin mirar- esperando cualquier cosa menos lo que me dice.
- Desde que te conozco no me he quitado la cabeza el querer hacerlo contigo.
Entonces sí le miro.
- ¿Qué dices?.
- Sí, ella medio sabe algo –dice señalando a su mujer con la cabeza- pero tenía que decírtelo. No puedo prometerte amor eterno (ni falta que hace), pero es algo que deseo desde que te vi aquel día. A lo mejor no soy tu tipo, pero tenía que hacértelo saber.
Me quedé sin habla, cuando estaba clara cual sería mi respuesta. De hecho, tenía que habérsela dado: “Primero, no me lío con los novios/maridos de mis amigas; segundo, para que fueras mi tipo tendrías que tener la mitad de los años que tú tienes”. Sin embargo, la sorpresa fue tal que sólo le dije: “No sé qué decirte, la verdad”. Y salí pitando de ahí.

Al poco rato llegó Jesús.
- Sé de alguien que tenía ganas de venir para verte –dijo.
- ¿Tu mujer, acaso?.
- Sí, la verdad es que tenía ganas de charlar contigo, pero ha tenido que quedarse en casa con los niños.
Eso debía ser alrededor de las 11 de la noche. A las 4 de la madrugada, aún no habíamos terminado de hablar.

Pepe, a quien no vi durante buen rato de la noche, se me acercó por detrás. Apoyó su cabeza en mi hombro y me dio un beso en la mejilla.
- Lo siento, no he podido evitarlo –dijo mientras se alejaba.

Jesús y yo seguimos charlando. De tantas cosas, que ni las recuerdo, pero básicamente de hombres y mujeres. Sonia se acercó a nosotros.
- Mi ex-vecina es superdivertida –dijo él a mi/nuestra amiga.
- Sí, lo sé.
- Pero no quiere saber nada conmigo, dice que no sale con casados ni con gente mayor que ella.
4921322f9fd242e38cd5ee46e317b427.jpg
De tanto en tanto, Pepe se acercaba y se ponía a mi lado, así que yo estaba clavada entre uno y otro. Hubo un momento en que veo que alguien me pasa una mano por detrás y la mete por dentro del pantalón. Me vuelvo y veo a un Pepe sonriente, que me coge y me plantifica un beso, ahora sí, en plenos labios.
- ¿Le molestará al chico con el que estás que te bese?.
- No estoy con él.

Así que Jesús, una vez Pepe se hubo marchado, me dijo:
- ¿Le gustas a ese chico?.
- Bueno, eso es antiguo ya.
- ¿Pero has tenido algo con él?. Me asustas.
- En la fiesta del año pasado. Bueno, después de pasarme tres cuartas partes de la noche hablando con tu mujer, después hablé con él. Y de ahí vino todo.
- Pues me sorprende, porque no es para nada tu tipo –dijo-.
- ¿Y tú qué sabes cual es mi tipo?.

Mientras tanto, Pepe se iba acercando y alejando.
- ¿Vas a ligarte a ese?
- Está casado –le dije.

Así que iba de uno a otro, cuando me volvía hacia la izquierda, allí estaba Jesús. Cuando me volvía hacia la derecha, estaba Pepe, que aparecía y desaparecía.
- ¿Quieres dormir conmigo? –dijo Pepe.
- No, mejor que no.
- ¿Por qué? ¿por qué ronco?.
- Eso también –le dije riendo.

Jesús se había alejado esta vez. Me quedé en la mesa comiendo gominolas de frambuesa. Miro al frente y le veo haciéndome gestos con el dedo de que me acercara. Voy hacia él.
- Como me abandonas…
- No, no te abandono.
- Bueno, tú eliges a cual de los dos prefieres.

Al final, Pepe marchó de la fiesta, no sin antes besarme en los labios ante Jesús. Jesús y yo salimos poco rato después. Pasamos cerca de la zona ajardinada y la piscina.
- ¿Ves? Si estuviéramos solos podríamos irnos quitando la ropa y bañarnos en la piscina –dijo.
- Muchas películas has visto tú –le dije riendo- Anda, camina y calla.

Llegamos a la calle. Me acompañó hasta mi coche. Me besó en la mejilla y ahí quedó todo. Pero había sido una noche divertida.

Por la mañana, un sms de Sonia: “¿Volviste a encontrar novio en mi fiesta?”.

Todas las notas