27/08/07

Así es la vida

Quiero alegar en mi defensa que el chico me daba pena, y pensé que, dejándoselo claro, para tomar algo o ir al cine, tampoco pasaría nada.

Le di largas y anulé alguna cita, pero él sabía que estaba sola y sin niños, así que muchas excusas no tenía. Lo único habérselo dicho claro: “No me gustas nada y no quiero verte más”. Pero... ¿cómo se le dice eso así a un tipo que es buen tío y que te mira con cara de cordero degollado?. A buen entendedor pocas palabras bastan, y a él tendrían que haberle bastado.
0a876fca0bf76a5e065dc7d468b2b440.jpg
Si incluso un fin de semana me fui a Valencia a visitar a Pascual. Se lo dije a él que iba a estar todo el fin de semana con otro chico. Y... ¿no va el tío y me llama por teléfono?. Pero coño, tú ¿para qué llamas si me he ido a pasar todo el fin de semana con otro chico a su casa?. Naturalmente no le cogí el teléfono.

Después de eso ya vino la última salida, pero fue la que colmó el vaso. Hasta entonces las había estado sobrellevando como podía. Incluso la tercera cita en la que me quería llevar a un parque y, por error, me llevó a otro aunque hacía rato que yo se lo estaba diciendo.
- Tengo un sarpullido aquí en la ingle... –me decía- ahora no te lo puedo enseñar, pero en el coche te lo enseño.
- ¿Comooooorrr?, deja, deja, ya me lo creo, no necesito ver ningún sarpullido [Y menos en la ingle, Dios me libre].

Para la cuarta cita le di largas, pero él fue sugiriendo días hasta que tuve que aceptar, aunque yo tenía muy claro y preparado mi discurso de que era la última vez que nos veíamos. No escuchaba.
- Quiero irme en octubre a algún hotel a pasar el fin de semana. Si quieres venir.... –insistió.
- No, ya sabes que no quiero.
- Te lo digo con tiempo para que puedas arreglarlo con los niños.
- Pero si no es problema de los niños, es que no quiero ir, y lo sabes.
- Yo lo encargaré igualmente, tal vez en octubre ya tenga novia.

Oh my God!!!!. ¿Cómo va a tener novia este pedazo de merluzo?, a menos que encuentre a otra merluza como él.

- Es que el sábado próximo he quedado con una chica, y tal vez... no te enfadas, ¿no?.

¿Enfadarme yo? ¡qué va! si justo es lo que quiero, ¡¡¡¡que salgas con otras chicas!!!!!.

Lo peor de todo es que hace poco hablé con él. Estaba un poco apático.
- Es que no me ayuda mucho saber que casi no nos veremos ya...

¿Casi????? ¿Qué parte del NO VAMOS A QUEDAR MAS no has entendido?. En fin....


Lo de Ernest es mucho más complicado, o más simple, quien sabe.

A ver, resumiendo, después de haber quedado para comer tras un montón de citas anuladas; después de un mensaje suyo preguntándome cuándo repetíamos, aunque no hubo contestación a mi respuesta; después de que tres meses después viajando por el mundo contacte conmigo para decirme que ha venido “acompañado” de su viaje; después de decirme que se va a ir de vacaciones con su “desliz” –fueron sus palabras–, aparece unas semanas después.

- ¿Has encontrado al jovencito que te ha enamorado? –dijo riendo.
- ¡Que vá!, mis citas van de mal en peor. Este año he conocido a cuatro. El último (llamémosle Jacinto): idiota perdido; el penúltimo (Isidoro): a saco-paco...
- ¿Sex machine?.
- Peor que eso. El segundo: tú, y ya ves... El primero (Koldo), y ya conoces la historia. No quiero arriesgarme más conociendo a gente nueva.
- Todo es cuestión de recuperarlo –dijo.

Me sorprendí un poco con la respuesta, y sólo atiné a preguntarle por su amiga. Me comentó que parecía que la historia había terminado, y tampoco quise preguntar más, por el momento.
- Ahora que veo tu foto, vuelvo a decirte que me encantan tus ojos...
- ¿Los de la foto o los reales?.
- ¿No son los mismos? Sabes... a mí me gustaste, lástima que estaba entrando en un período de mi vida un poco revolucionado. Pero me gustaba hablar contigo, por eso he seguido cuando he podido.

Así que ahí hice algo que no acostumbro.
- No sé si está bien que lo diga, pero si quieres que volvamos a quedar cualquier día, pues me lo dices –dije arriesgándome.
- ¿Por qué no tendría que estar bien que lo dijeras?. A mí me gusta. Y es cierto que me gustaría volverte a ver.

Bueno, el corazón me dio un salto que para qué, pero yo muy digna, pues ya sé como van las cosas cuando alguien me interesa minímamente.
- ¿Cenamos pasado mañana? –dijo.
- Perfecto.

Cuando llegó pasado mañana recibí un sms:
Ernest: ¿Te importa si lo dejamos para mañana noche?.
BdG: Para nada, contigo ya estoy empezando a acostumbrarme, jaja.

Lo malo fue cuando al día siguiente le mandé yo un sms:
BdG: ¿Te va bien quedar hoy?.
Ernest: ¡Ostras!, me he vuelto a liar, y por algo tan poco importante como jugar un partido de fútbol. Lo siento.

Si lo que venía a decir era que el partido de fútbol era poco importante, pero aún así lo prefería a una cita conmigo [que por lo visto, aun era menos importante], pues me quedó bastante claro.

Un nuevo Koldo en mi vida, a quien hace ya más de un mes desterré para siempre (creo).

20/08/07

Quedando con el más tonto

Ayer salí (por cuarta vez, que ya son veces), con un individuo que me ponía de los nervios. “Que no eres la hermanita de la caridad” me había dicho un amigo al contárselo. Ya, pero en el fondo me daba pena, y aunque le daba largas, acababa quedando con él. Eso sí, cada vez se lo dejaba más claro, o al menos lo intentaba.

El primer día fuimos a cenar. Yo de entrada ya vi que era un garrulillo, y que no íbamos a pegar ni con cola. Me miraba con sus increíbles ojos azules, eso sí lo tenía el muchacho, y me decía: ¡Eres muu guapa, eh!, he contactado con otras ocho chicas, pero ninguna me ha gustado como tú. [Pues vaya, por Dios].

423850cb93a52698c8da6c2538065bd1.jpgHablaba en voz en grito, lo cual me hacía sentir de lo más incómoda, no me apetecía nada que los de la mesa de al lado tuvieran que enterarse de cómo nos habíamos conocido -para variar vía Internet-. Antes nos habíamos tomado algo en un bar, y a la hora de pagar se había entretenido en rebuscar los céntimos exactos para pagar. Ahora se repetía de nuevo.
- Deja, pago yo -dijo poniendo un billete y volviendo a hurgar en su monedero.
- ¿Qué haces? –le dije viendo que estaba buscando la cantidad necesaria para dejar la cantidad justa, con céntimos incluidos.
Saqué un billete de cinco y lo puse en el plato, a ver si así dejaba en paz su monedero. ¡Ah, y se levantó para ir al baño tres veces!!!.

Después fuimos a tomar algo, y yo ya estaba impaciente por salir por piernas de ahí, viendo, además, como él ya hacía planes para un montón de salidas.
- Es que, como te he dicho, he tenido ocho citas, pero con ninguna he tenido el feeling que tengo contigo.
Yo sonreía condescendientemente, pero no sabía cómo salir corriendo.
- Mira, vamos a ver –le dije-. Te veo muy decidido a buscar una pareja estable, y yo, la verdad, no estoy por la labor.
- Pero... ¿te gusto?.
Ya salió la preguntita de marras. ¿Y qué tengo que contestar? ¿qué no?.
- Bueno, veo que eres un buen chico, y con unos ojos preciosos, pero no creo yo que vayamos a encajar mucho tú y yo.
- Si no se prueba no se sabe.
- Sí se sabe, sí. [Yo, al menos, estoy convencida de ello].

Me acompañó hasta la puerta de mi casa, y yo entré rápidamente sin darle demasiadas opciones.
- ¿Salimos mañana? –dijo.
- Si quieres el domingo podemos ir al cine.
[Mecagüen la mar, ¿por qué habría dicho eso?].

Antes del domingo ya me había llamado tres veces. Y se presentó a buscarme media hora antes de lo acordado. ¡Y a mí que no me gusta que me agobien!.

Como era pronto para entrar al cine, nos sentamos a tomar algo mientras hablábamos.
- Mira –volví a entrarle-, creo que no vamos por buen camino.
- ¿No te gusto? –repitió.
- No es eso, es que es absurdo que estemos quedando cuando tú quieres tener una pareja y yo no. Yo no soporto que me agobien, ni tener compromisos, ni obligaciones...
- Entiendo, de verdad, entiendo.
[Otro que entiende].
- Pues entonces, queda claro.
- Sí, queda claro, que me lo tome con calma.
- No, con calma no, que no te hagas ilusiones conmigo, que intentes conocer a otra chica, y que no pierdas el tiempo.
- Entiendo.
A la hora de pagar, lo hice yo, quería evitarme el tener que volver a ver cómo quería dejar la cantidad exacta con sus céntimos incluidos.

Entramos en el cine. El seguía hablando, así que tuve que hacerle callar más de una vez.
- ¿Te gusta el baloncesto?.
- No.
- ¿Te gusta el fútbol?.
- No.
- ¿Qué deporte te gusta?.
[¿Quieres callarte de una puta vez, pesado?].
- Ninguno, y ahora calladito, ¿vale?.

Al poco rato.
- Me estoy meando.
- ...
- No, si tenía que haber ido antes de entrar....
- Pues ves al baño.
- No, que molestaré a la gente al pasar.
- ...
- Ufff, no sabes lo mal que lo estoy pasando.
- Pues ves al bañoooo.
- Es que me sabe mal.
[O vas tú o te empujo yo, y cállate ya que a nadie del cine le interesan tus problemas de próstata].
- No, hombre, mejor que vayas y así te quedas más tranquilo.
- ¿Ya sabré encontrar el camino?.
- Grrrrrrrrrr.

Al salir me di prisa, no quería que nadie me relacionara con el pesado que no había parado de hablar en toda la película.
- Entonces me ha quedado claro, tú tranquila, yo entiendo –decía frotándome el brazo- ¿Dónde vamos ahora?.
- Pues yo ya quisiera irme a casa, si no te importa.
- ¿Entonces no me quieres como pareja? ¿Y cómo amigo con derecho?.
[Vaya, ya estaba tardando].
- No, eso tampoco, además el amigo con derecho no existe. Como siempre digo, desaparece el roce, desaparece el amigo.
- Conmigo eso no te pasaría.
- Claro, ya, eso decís todos. Pero mira, ¿para que liarse?.
- Pues yo sí que quisiera liarme contigo.
- Sí, pero yo prefiero ahorrármelo.
- Pues te pierdes mucho, porque conmigo....
[Ya salió otro Nacho Vidal].
- Estoy segura, pero prefiero quedarme sin comprobarlo.
- Si necesitas tiempo para pensártelo, pues te llamo en unos días y lo hablamos.
- ¡Que noooo, que no necesito pensarme nada, que no quiero liarme contigo!.
¡Ah, y volvió a ir al baño en el bar en que nos sentamos un ratito!.

Esas fueron nuestras dos primeras citas. La tercera no varió demasiado, pero no entraré en detalles para no alargarlo. Se atrevió a hablarme de sexo, eso sí, en voz en grito, como siempre.
- Pero... ¿quieres bajar la voz?
- Uy, perdona, perdona...
Más que nada, me dejó entrever que era un pardillo por lo que me comentaba-. ¿Y ese era el que me prometía noches de pasión?. Ese chico estaba a años luz de saber lo que era un buen polvo, pero no iba a ser yo quien se lo demostrara. Además, iba cambiando sus ideas a medida que yo hablaba [Ni personalidad tenía el tío].

Volvimos a quedar una última vez. Yo le había estado dando mil vueltas al asunto. Esta situación era peor aun que la de Samuel. Al menos Samuel era inteligente [aunque desgraciadamente se lo tenía demasiado creído]. Al final se lo dije claro: era la última vez que nos veíamos.

Fuimos a cenar, tuve que hacerle bajar la voz un montón de veces. Me avergonzaba que él fuera al único que se le oía, y encima solamente para decir memeces.
- Vaya amigos que tienes –le dije- parecéis niñatos.
- ¿Encuentras que son tontos?.
- Sí, y lo peor de todo es que si a ti te hace gracia lo que me cuentas, también debes estar en el mismo saco.

No soy una persona desagradable, pero la situación se me hacía cada vez más incómoda. Me comí una ensalada. El se engulló una ensalada, una pizza y un helado con macedonia.
- ¿Pagamos a medias? –dijo al ver que yo no hacía ademán alguno cuando trajeron la cuenta.
Asentí, ya sólo me faltaba eso.
- Pongo 20 euros, ya dejo que tú añadas lo que falta –dijo como quien me hacía un favor, pues lo que faltaba para poner era menor a esa cantidad [aunque no mucho menor].
- Sí, sobre todo teniendo en cuenta que tú te has pimplado tres platos y yo sólo una ensalada.
- Uy, si, si, perdona, perdona...
Perdona, perdona, pero no puso ni un euro más.

Y es que a mí no me gusta ir con esas miserias. Durante la cena ya había llamado a dos amigos suyos y a su madre. ¿Eso era una cita?.
- Me dejas que lo haga, ¿no? –decía.
Yo lo único que quería era irme a mi casa tranquilamente y dejar a ese lerdo ahí tirado.
- Lerdo es una palabra que hemos usado mucho mi amigo y yo durante las vacaciones – dijo-. Significa tonto.
- Sí, ya sé lo que significa -dije suspirando.

Salíamos a la calle cuando le dije si no quería ir al baño [Igual que debo hacer con mis hijos].
- Sí, pero tenía miedo que te enfadaras –dijo.

Al salir, caminamos hacia mi casa donde tenía el coche aparcado.
- Uy, por aquí no, que hay un hombre recostado en la acera –dijo cambiando de calle.
- ¿Y?.
- Que me da miedo...
Lo miré ya irritada.
- Pues sí que....
- Oye, necesito ir al baño...
- ¿Otra vez?????, pues pasemos por mi casa un momento.

Me había traído una botella de vino.
- Nos la podríamos beber en tu casa.
- Ni hablar, nada de beber, pero si quieres te quedas un rato y charlamos.
Se sentó en el sofá junto a mi. Un gato se le acercó. Pegó un bote cual niña de tres años, protegiéndose la cara con las manos y pegando un chillido.
- ¿Qué haces? –le dije
- El gato... que me miraba.
- ¿Tú eres tonto o qué?, ¿qué crees que te va a hacer?.
- Es que me miraba y se me quería subir...
- El otro día en el parque me montaste el numerito porque había un bulldog [atado con correa] y te escondiste detrás de mí. Ahora no querías subir por mi calle porque había un hombre recostado, y ahora te cagas porque mi gato te mira.... Es inaudito –dije realmente enfadada.
- No, pero... es que me miraba....
Entonces se acercó para besarme.
- Pero... ¿tú que haces? -le dije apartándolo.
- Estaba pensando cuando nos volveríamos a ver.
- ¿No te he dicho desde el principio que hoy era el último día?

Me levanté indignada. ¡Menudo memo!.
- Bueno, la botella de vino te la bebes con quien quieras -dijo cuando le llevé hasta la puerta.
[Me estaba dando la impresión de que encima me echaba en cara haberme traído el vino. A punto estuve de tirárselo por la cabeza].
- Que te vaya bien, y no vayas así de desesperado por la vida, que las cosas han de seguir su curso.
- Ya no haré más caso a las chicas, todas me torean, como tú, que también me has toreado...

¡¡¡¡¡ Encima !!!!!!. Y es que está claro que no hay peor sordo que el que no quiere oir.

Para quitarme el mal sabor de boca, mañana saldré con Ernest. Sabía que regresaría.

07/08/07

A veces hay alegrías

Miércoles pasado llegué a una buena conclusión: más vale un buen post-polvo que el polvo en sí.

Después de ocho meses sin hablar, y unos diez sin quedar, me reencontré con Iñigo (antes I), el que es alérgico a los gatos –para los desmemoriados o los que se han perdido entre tanto nombre y sigla-.

Hablamos tres veces hasta que me dijo que si podíamos vernos. Quedamos un miércoles noche, aunque los dos trabajábamos, ya que dos días después él se iba de vacaciones por un mes.

La verdad es que me apetecía verlo, aunque después de diez meses pensaba que ya había pasado a la historia. En Octubre pasado escribí un post en el que hablaba del hecho de buscar el amor por Internet, donde hacía un balance –triste balance, todo hay que decirlo- de los tres años que habían pasado y los chicos que había conocido. Comenté que poco tenía para salvar, y entre ellos, a Iñigo, y así se lo hice saber estos días en que habíamos hablado.
- Aun me harás sonrojar –había dicho él.

Pero es cierto, a pesar de su alergia a los gatos, a pesar de que no podíamos pasar cómodamente un rato en cualquier zona de mi casa, sólo en el dormitorio, eso sí, previa desinfección total, a pesar de que nuestras relaciones sexuales no eran lo placenteras que podrían haber sido, habíamos seguido viéndonos, saliendo a cenar, a tomar algo, a divertirnos.

Decía que nos encontramos este miércoles. Me besó suavemente en los labios, paseamos por la playa y nos sentamos en un bareto de los que han instalado en plena arena, con luces de velitas y música suave. No dejamos de hablar desde que me recogió en casa hasta que cerró el bar. Ni cuando llegamos a la puerta de mi casa, dejamos de hacerlo.

Una vez en el cuarto, a donde subimos directamente, cerrando tras de mi todas las puertas para que los gatos no me siguieran, nos sentamos sobre la cama, yo con las piernas cruzadas me lo miraba, y ya entonces, me encontraba a gusto. Al poco rato empezamos a besarnos, cada vez con más ganas hasta que acabamos totalmente desnudos y pude apreciar que esta vez los efectos secundarios de su alergia no hacía acto de presencia.
a09935620c8d8fc1ff43501b8762a03f.jpg
Cuando él regresó del baño se tumbó a mi lado susurrando: “Lo haces tan bien que no te he aguantado mucho…”. Yo sonreí. Sinceramente, no me importaba, me sentía sumamente bien. Empezó a besarme con besos pequeños, suaves, interminables. Yo me reí, me acordaba del conejito de Duracel, “dura, y dura, y dura…”. Tuve que dejar de sonreír porque él seguía con sus besos, después sus labios pasaron a mis hombros, a mi espalda… Seguimos hablando, de lo de los gatos, de mis 13 hámsters, nos reímos un montón, hasta que le dije:
- Son casi las 4 y mañana trabajamos.
- Tienes razón –dijo incorporándose.
Pero se acercó a mí, que estaba tumbada boca abajo. Volvió a besarme, esta vez con más intensidad, para acabar fundiéndonos de nuevo. Era tardísimo cuando salía de mi casa, me quedaban dos horas para levantarme, pero no podía abandonar la sonrisa de mi cara.

Hacía meses, muchos meses que no había tenido un buen post-polvo. Ni tan siquiera conseguía recordar ninguno.

Cada vez que quedaba con Koldo –sabía que iba a arrepentirme después- el sexo era bueno, pero una vez que todo acababa me quedaba preguntándome a mí misma: “¿Y ahora qué?”. No podía decir que había un buen post-polvo, ni siquiera había post-polvo, sólo carreras para salir corriendo, después de un burdo intento por su parte de querer mantener una forzada conversación.

- Aún te vas a pillar –dijo mi amiga al día siguiente.
- No, pero necesito un referente, algo para recordar cuando necesite ser feliz.

Todas las notas