« 2007-09 | Página de inicio | 2007-11 »
28/10/07
Muchos, pero ninguno
En estos últimos tiempos no me ha ido muy bien en mis nuevos encuentros, y hace bastante que he descartado el conocer a alguien distinto.
Hace mucho tiempo dije que si tuviera que salvar a algunos de mis amigos, me quedaba con tres: con Iñigo, Armando y, naturalmente, César. Eso lo dije ahora hace un año, Buscando al hombre perfecto..., y ahora me ratifico.

A César nunca llegué a apartarlo. Es el más antiguo de ellos, la primera persona con la que salí recién separada, el que hizo que controlara mi móvil a toda hora para ver si sonaba y el que me devolvió la ilusión por un tiempo. En estos más de tres años y medio nos hemos seguido viendo, para él nunca hay un NO pues, aunque quizá él no lo sepa, me gusta un montón. Además, ¿para que voy a decirle que no si está como un queso, es muy divertido y buen amante?. Y, sobre todo, me infla el ego saber que le gusta estar conmigo.
A Armando sí que dejé de aceptar sus invitaciones. También reconozco que es un buen tipo, sólo que nuestros encuentros se habían reducido a sólo sexo. Por sus horarios laborables y porque vive a una hora de mi casa, sólo podía llegar de madrugada, y ya no salíamos para nada. Así que empecé a rechazar los encuentros, y así, hasta ahora, habían pasado unos ocho meses.
Iñigo fue él quien dejó de llamar, aunque en Navidad me había deseado un feliz año. Por lo visto estuvo saliendo con una chica unos meses. Ya conté que regresó antes del verano y que nuestra relación ha sido distinta desde entonces.
- La verdad es que las últimas veces lo he pasado muy bien contigo –dijo-. Antes también, que conste, ¡eh! pero ahora estamos más sincronizados, ¿no crees?.
Sí, es cierto, yo también lo he notado, ya lo dije en un post. No sé, ya sé que son amigos con derecho a roce, pero dentro de esta categoría también hay clases, ellos tres están por encima de los demás. Y con Iñigo aún más ahora.
Así que este fin de semana le dediqué el viernes a Iñigo. Estuvo muy bien, me sentí tranquila y contenta. Dijo de volver a quedar el próximo viernes que tengamos libre. Por mí, perfecto.
El sábado salí con Armando. Primero habíamos quedado en salir a cenar, y fue por eso que acepté. Después se convirtió sólo en sesión de tarde, pero valió la pena. Trajo vino blanco (siempre detallista), se fumó sus dos canutillos, debía estar algo colocado, pero yo flipé sin necesidad de fumar nada. Pero, aunque reconozco que es muy buen amante, me quedo con Iñigo. [A veces me sorprendo a mí misma].
Había ido yo hasta donde vive él. Tengo otro amigo, Celso, a quien no he conocido aún porque me da un no sé qué (pues nos llevamos 22 años), y que vive sólo a 2 km de Armando. Hace unos días me mandó un sms, diciendo que aunque era muy tarde, estaba pensando en mí y le habría gustado verme. Yo estaba durmiendo, así que le dije que no.
Decía que acababa de dejar a Armando y se me ocurrió mandarle un sms a Celso diciéndole que estaba allí, cerca de su ciudad. No contestó, imagino que siempre que tenemos la oportunidad, uno de los dos se vuelve atrás. Tampoco sé qué hubiera hecho si lo hubiera tenido delante. Sólo es un quimera.
Cosme, el viudo/divorciándose, de quien no tenía noticias desde hacía más de tres semanas también ha contactado hoy conmigo.
- Estoy muy liado con el tema del divorcio, por eso no estoy por aquí.
- Pensaba que pasabas ya de mí.
- Eso nunca, jamás, me gustas mucho, y me has demostrado que además de ponerme un montón eres una bellísima persona.
- Vivimos demasiado lejos para que nos gustáramos demasiado. Además, aún no sé porque me gustas, quizá porque no nos conocemos... -le he dicho.
- Eres una borde, siempre te lo digo –ha reído.
La verdad, ya se verá, pero yo no apuesto por ello.
Esta tarde me ha vuelto a llamar Isidro, el piloto. Hace unos días le dije que no quería volver a quedar con él. Una cosa es amigos con derecho, otra ir a saco-paco. Entraba en casa siempre mirando a todos lados, eso sí; decía de ir directo al cuarto, y de allí, después de estar siempre a oscuras y con las persianas bien bajadas, se iba directo a la suya, no sin antes mirar por la mirilla. ¿Por la mirilla?, estábamos en mi casa, ¿de quién se tenía que esconder ahí?. Estoy harta de engreídos y paranoicos.
Ha estado insistiendo un buen rato, supongo que sorprendido de que le rechazara, incluso me ha vuelto a llamar una segunda vez. Pero yo lo tenía muy claro. No quiero verlo nunca más.
- Estamos bien juntos, ¿no? –ha dicho.
- No me gusta que vengas sólo a eso, y te vayas enseguida.
- Ya me quedaré un rato a charlar, yo creía que era lo que querías, que me fuera.
¡Si encima será mi culpa! Sigo teniéndolo claro. Nunca más.
Ahora mismo, se ha conectado Ernest. No lo había vuelto a ver por aquí desde el último día que me anuló la cita. He esperado a ver si decía algo, pero ha salido tal cual ha entrado. Bueno, asunto zanjado pues. No digo que no me hubiera encantado tener algo con él, pero tampoco le voy a dar más importancia que la que tiene.
¡Ah! y esta semana
En fin, mucho ruido y pocas nueces.
22:30 Permalink | Comentarios (6) | Enviar a Email
13/10/07
Prohibido hablar de él
Siempre, a lo largo de mi vida, cuando he tenido novietes (formales o menos formales) he dado a entender a mis amigas el hecho de que ellos no valían la pena. Incluso con mi ex marido –que por otra parte, es una persona encantadora- todas mis amigas echaban pestes de él.
- ¿Por qué dices eso? -le decía yo a mi amiga Sonia.
- No sé –respondía-, todo lo que sé de él es lo que tú me cuentas.
Y la verdad es que tenía sus cosas buenas y sus cosas malas, como todo el mundo. Y no es que me esté arrepintiendo de haberme separado –divorciado, desde hace unas semanas-, porque una cosa es el carácter de cada uno, y otra cosa la convivencia. Pero no es de él de quien quería hablar; eso ha venido a cuento por las críticas –negativas, siempre- que hago de mis parejas.

Lo pensaba por Koldo. A Koldo no lo conoce nadie en persona de mi alrededor, pero mis amigas, todas, le odian tanto como le odian los lectores de mi blog. Por mucha razón que creo que tienen todos, mi odio hacia él no era tan relevante, me cuesta llegar a creer en la maldad de la gente, pero he llegado a la conclusión de que su problema es que el pobre no furula bien.
Sus mensajes insistentes de este último mes y medio pasaron de ser solamente los viernes, a sábados o domingos, incluso de madrugada, a ser también entre semana: lunes, martes... todos implorando “Bone, please”. Y estuve releyendo mi blog desde que le conocí (mi anterior blog por aquel entonces). ¿Cómo puede cambiar tanto una persona?.
Los primeros días me pareció un chico encantador, diferente a los demás, inocente, ingenuo, sencillo, simpático, tímido, poco seguro de si mismo... Cuando me dijo que no teníamos futuro porque yo era demasiado mayor para él, lo asumí con resignación, estaba en todo su derecho de creer tal cosa.
Hasta ahí todo bien, pero mes y medio después regresó como si nada, como si no hubiera habido ese paréntesis entre nosotros. Desde entonces empezamos esa “relación” que ha ido degenerando hasta lo que acabó siendo. Yo nunca le perseguí, sólo era él quien complicaba una vez y dos la situación. Si no quiere nada conmigo, por mayor, me parece muy bien, pero entonces... ¡qué me deje en paz de una vez!.
Hace tres meses y medio que estuve con él por última vez. Ese día me dijo si no era demasiado mayor para llevar un piercing. A todos los amigos (tan o más jóvenes que él) quien se lo he contado lo han tachado de grosero y borde. Llevo, digo, casi dos meses rechazando sus invitaciones, con más o con menos convicción, porque ya he reconocido que me costaba hacerlo, pues no tenía ni idea de porqué me gustaba.
Cada vez que hablábamos (o que había venido por casa hasta hace tres meses) él estaba seguro de que yo estaba perdidamente deseosa de él.
- Si no te gustara estar conmigo no estarías persiguiéndome así –le dije-, así que no vengas a fanfarronearme, habiendo nenas de tu edad.
- El otro día estuve con una de 22, pero no era como estar contigo.
- Acabáramos (por una vez que liga me lo tiene que restregar).
- ...que por cierto, quiere quedar conmigo mañana por la tarde en mi casa, será que le gustó –añadió.
¡Por favor!, vaya niñato, ¿acaso cree que me va a poner celosa una situación como esa?.
- ¿Y a ti quien te lo ha hecho mejor? –osó preguntar.
- Tú no, desde luego, eres un tío cargado de malos rollos.
- ¿Y eso tiene que ver con el follar?. Si quedas conmigo, cambiarás de opinión.
Engreído. Por nada del mundo quisiera volver a tener nada con él, y hoy no lo estoy diciendo con la boca pequeña como hasta ahora, lo digo convencida, porque está muy claro que no tengo ninguna necesidad de ello. Tengo que reconocer que estoy en una etapa en la que me siento bastante sola –dicho todo sea de paso- pero estoy cansada de los malos rollos que me han rodeado todo ese tiempo. Prefiero tumbarme en el sofá delante de la tele mientras mi gato me acaricia con su patita, que pensar que tengo que quedar con un tío que sólo piensa en machacársela todo el día.
O sea, que si alguna vez alguien ve que hablo más de Koldo, ni tan siquiera para ponerlo verde, llamadme la atención.
Por cierto, hablando de gente a quien poner verde, ayer me llamó el piloto (uno de mis fracasos más estrepitosos, aparte del encefalograma plano de Jacinto, aunque, por suerte, a éste último lo cliché rápido).
- ¿Quieres que nos veamos?
Ese tío flipa en colores. Otro engreído y, encima, paranoico. Me hacía bajar las persianas “por si nos graban”.
- Pero si hay cortinas.... ¿y para qué coño nos querrán grabar a nosotros?.
Lo dicho, con mis gatos me basta este fin semana. Pero... ¿puedo encontrar a alguien semi-normal? please....
19:20 Permalink | Comentarios (10) | Enviar a Email


