06/12/07
Mujer al volante.....
Lo del último fin de semana aún podría ampliarlo, pues aparte de lo que conté en aquel momento, aún tuve noticias de César (con quien quedé el viernes noche), de Celso (para decirme que seguía en pie lo de conocernos) y, ¿cómo no? de Koldo (de quién he desistido intentar comprender que es lo que busca ese chico, aparte de marearme).
Incluso, para mí gran sorpresa, tuve una nueva llamada de mi “admirador secreto”, de quien hacía más de un año –creo yo– que no llamaba. Pero estaba de tan mal humor, que le colgué el teléfono, lo cual ya sé que es contraproducente, porque cuanto menos caso le hago más insiste. Llegó a llamar hasta cinco veces, pero las siguientes ya no se lo cogí.
Pero hoy no quería hablar de mis desamores. Quería hablar de lo que me sucedió el domingo, y para reconocer que los hombres, a veces me sirven para algo.
Antes que nada, decir que yo está claro que necesito un GPS. Tengo el sentido de la orientación atrofiado, eso ya lo sé; si fuera ave migratoria, me habría perdido en el primer vuelo. Mis hijos ya lo saben, y en cada viaje me preguntan: “¿Ya nos hemos perdido?”, eso antes de que suceda, que siempre acaba sucediendo.
Pues bien, había salido con los niños en el fin de semana que me tocaba hacer de mamá. Ya nos perdimos en la primera ruta, lo cual con la niebla que había fue una putada, pues tuvimos que hacer el camino sin ver nada a medio metro, dos veces. Llegamos media hora tarde, aunque eso fue lo de menos.

La segunda ruta la hicimos bien (tal vez me tuve que salir del camino un par de veces, ni recuerdo), pero eso no fue nada. Después de eso teníamos que ir a comer, y cuando me metí en la carretera, al salir del pueblo donde estábamos, veo que los indicadores no dicen nada de donde yo iba, así que me detengo en una especie de descampado, saco el plano –no lo entiendo, claro (para eso soy mujer)– pero me da para entender que voy en sentido contrario. Nada, doy un giro al coche y no veo que hay un pedrusco enorme sobre el que, naturalmente, me meto. Así que el coche quedó bamboleando encima de la piedra, ni para delante ni para atrás. Mi coche es alto, así que imaginaros el tamaño del pedrusco.
Ni corta ni perezosa llamo al servicio de asistencia al que justo me aboné este verano, voy a estrenarlo.
- Verás, es que estoy encima de una piedra y el coche se ha quedado encallado.
- No te preocupes, en media hora te mando una grúa.
Vale, aunque en media hora tenía que estar en un restaurante algo alejado de ahí, pero en fin... Al poco, una llamada de la grúa.
- Que me han dicho que estás encallada, ¿ha sido un accidente?.
- No, mejor dicho un despiste, pero necesito una grúa para que me levante el coche.
- Uiii, no sé si eso se podrá hacer, porque arrastrarlo.... Bueno, tardaremos como una hora.
Vaaaaale. En eso ya había aparecido el primer hombre. Intentó empujarlo, pero nada, eso era imposible. Aún estando ese ahí, apareció el segundo, un rumano. Hay que decir en su defensa que la última vez que pinché una rueda, también fue un grupo de rumanos los que se ofrecieron a cambiarla. Total, que este rumano, chapurreando español, me dice que entre los dos hombres pueden levantar el coche. Pero no, el pobre hombre incluso se corta en los dedos.
Aparece el tercer hombre, un chico joven que se baja de una furgoneta. Me mira de arriba abajo y echándose las manos a la cabeza, se le escapa un “¡Mujeres!”. Yo sonrío, al fin y al cabo, tiene razón. Rodea el coche y dice que eso es imposible desatascarlo si no es con una grúa, lo cual hace desistir también al primer hombre. Los dos se marchan.
El rumano sigue ahí, le digo que no se preocupe, que ya vendrá la grúa, pero él insiste. Entra varias veces al descampado entre la maleza y me va sacando piedras. Las va metiendo debajo del coche. En esto aparece el cuarto hombre, viene de una gasolinera cercana. Me dice que no puede ayudarme, pero que tiene un gato, si hace falta. Le digo que no se preocupe, que ya está ahí el otro, y se va. El rumano me pide un gato, le indico donde creo que debe estar (aunque creo recordar que la última vez fue muy difícil de encontrar), así que desiste y se va. Yo pensaba que se había marchado, pero regresa con su coche, y el gato.
Vuelve al coche y saca .... una máquina de filmar. Se pone a filmar el desaguisado producido con mi coche, mientras habla en rumano. Supongo que estaba explicando lo gilipollas que era yo encajando mi coche en el único pedrusco que había por la zona.
- No te preocupes, ya vendrá la grúa.
- No, grúa mucho dinero, tú prisa.
- Prisa sí tengo, la verdad, pero no te molestes.
- Yo chofer, yo pensar, no nervios.
- No, no, yo tampoco estoy nerviosa, sólo que soy incapaz de resolver esto.
- Tu dejar a mi, coche salir.
El hombre, con unos grandes ojos azules, iba y venía con piedras. Se tumbaba por el suelo, las metía debajo de las ruedas, haciendo de palanca.
- Tú subir, probar.
Lo hice, empecé a echar marcha atrás con cuidado.
- Un momento, un momento –me detiene con las manos.
Y se va a buscar su cámara de nuevo. “Este hombre me hará salir en el youtube como mínimo”, pero viendo como su invento estaba funcionando, no dije nada.
Cuando sacamos el coche de ahí, no sabía que decirle. Le di las gracias repetidamente, y él sólo dijo: “Ahora yo limpiar eso”.
Me voy sorprendiéndome de la bondad humana, a veces.
Me meto después en una gasolinera, pago con tarjeta. El hombre la mira y después de cobrar, me la devuelve con un: “Toma, Bone, buen viaje”.
El coche está algo separado del surtidor, así que a la manguera cuesta llegar, la estiro con fuerza hasta conseguirlo. Por suerte costaba, porque justo la meto en el depósito, bajo la vista y leo “gasóleo”, al mismo tiempo que sale el hombre de la caja gritando: “Bone, bone.... noooo”. Naturalmente mi coche no es Diesel.
En fin, que la conducción no es lo mío.
19:40 Permalink | Comentarios (6) | Email esto



Comentarios
Y la experiencia que te llevas que???? JAJAJA
Me ha parecido una anécdota súper divertida, ver cómo tantos hombres están dispuestos a echar una mano a una madre en apuros
un besoooo
Rezaré porque eso no me pase porque si no, me muero! Ya que soy totalmente negada para orientarme cuando voy condunciendo (bueno, fuera también)
Anotado por: Musi | 07/12/07
Ayssss....
Espero que se haya arreglado, no he podido evitar la sonrisa, aunque a ti me imagino que poca gracia.
Besos.
Anotado por: Xienra | 08/12/07
Bueno, yo mismo he visto cómo cada vez que mi última novia tenía que comprobar la presión de las ruedas en la gasolinera, acababan por aparecer maromos de todas partes dispuestos a echarle un cable. Seguro que eso tiene que ser la ostia de bueno para la autoestima.
No, a mí no me ayuda nadie a comprobar la presión de las ruedas de mi bici en la gasolinera. Ah, creía.
Anotado por: cieso | 10/12/07
Ja,ja,ja bueno no vamos a hablar de los tópicos (que mucho tienen de cierto...) pero está claro que el sexo determina el interés por algunas cosas y el desinterés completo por otras. En cualquier caso yo no me preocuparía ya ves que siempre hay alguno dispuesto a "echarte una mano".
Oye si sales en "youtube" pon el "link" a ver si completamos la sonrisa.
Anotado por: luis | 11/12/07
Debe ser emocionante ir de copiloto contigo....
Besos!!
Anotado por: jordi | 11/12/07
Jo, pobrecilla ...
Pero bueno ... eso te ha pasado UNA vez. Tampoco tienes que suponer que por eso lo tuyo no es la conducción, eh?
Un besote.
Anotado por: midnightsong | 11/12/07
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