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26/12/07
¿Llegan con retraso?
Ahora hace dos años escribí aquí mi carta a los Reyes Magos. Me pedía un simple regalo: viajar a donde vivía Oliver (antes O) y así poder conocerle.

No voy a contar exactamente cómo le conocí, pero fue en Internet. Desde el primer momento en el que hablamos contactamos muy bien. A pesar de tener los dos webcam, él sugirió guardar el misterio y cuando la conectábamos siempre era de cuello para abajo. Ahora me parece una tontería, para eso mejor ni poner la cámara, pero entonces me parecía interesante. Podía pensar que era porque era muy feo, pero no lo pensaba, estaba segura de que me gustaría.
Nuestros encuentros cibernéticos se fueron haciendo cada vez más continuos, y también los sms que dejaba en mi móvil en muchas de las horas libres que tenía sentado al volante de su ambulancia mientras esperaba.
Al poco tiempo de conocernos ya sugería que nos encontráramos, a veces decía en Madrid, a veces en Londres... para al final acabar invitándome directamente a su casa. Nuestras conversaciones eran bastante interesantes y pasábamos horas delante del ordenador imaginando cómo sería nuestro encuentro. No sabíamos cómo éramos físicamente, pero yo estaba convencida de que me gustaría en cuanto lo viera.
Él había hablado en su trabajo de que cuando tuviera que hacer un traslado a Barcelona, le mandaran a él. También tenía negocios, me había contado, y a veces venía por aquí. Yo me sentía ilusionada, pero supongo que era por el hecho de que no lo tuviera a mi alcance.
Al fin pusimos fecha para nuestro encuentro. Yo nunca creí que eso llegara a suceder cuando nos conocimos, así que le había dicho que tenía 10 años menos de los que tenía, no quería reconocer que formaba parte de la cuarentena porque creía que nadie se iba a interesar por mí. En cuanto supe que íbamos a quedar le conté la verdad, creo que si no se lo hubiera dicho tal vez no lo hubiera notado, pues es normal que me quiten esos años de encima, pero no quería engañarlo en esa tontería.
Dejé de saber de él. Lo veía conectado pero él salía cuando entraba, dejé de recibir sus mensajes y desapareció de mi vida. Unos meses después le mandé un correo, le preguntaba qué era lo que había sucedido. Él contestó.
No le importaba la edad que yo tuviera, pero sí el que le hubiera engañado. Dijo que si le mentía en una tontería como esa, podía hacerlo con cualquier otra cosa. “En definitiva, no me fío de ti” dijo. Nunca nadie me había dicho que no se fiara de mí, y creo recordar que las lágrimas afloraron a mis ojos. “Seguramente me confundo (estoy casi seguro) y cada vez que pienso en ti me vienen muy buenos recuerdos, pero no quiero verte mas”. Así terminaba su correo y ahí terminó todo.
Muchas veces he pasado por donde él había dicho que tenía sus negocios cuando venía a Barcelona y he pensado en él. Siempre esperé recibir una llamada que dijera: “Estoy en Barcelona, me gustaría verte”.
El domingo pasado estaba tumbada en el sofá, cuando sonó un sms en mi móvil.
Oliver: Hola Bone, soy un viejo amigo de León, estoy en Barcelona, me gustaría verte.
Aluciné. Mi corazón saltó desbocado. No había borrado su número en mi móvil, y parece que él tampoco el mío, a pesar de todo. Me levanté y caminé por la casa sin saber que hacer; al final le mandé un nuevo sms, yo tenía niños y no podía salir.
A la una de la madrugada sonó el teléfono. Nunca nos habíamos escuchado la voz.
-Lo entiendo que no podamos vernos si tienes a los niños –había dicho.
Hablaba como si no hubieran pasado dos años, como si nunca hubiera sucedido nada, como si no me hubiera roto astillado el corazón.
- Es una pena derrochar una cama de metro cincuenta que me han dado en el hotel –siguió.
Mi ilusión se deshinchó como un globo gigante. ¿Eso era todo lo que pretendía de mi ahora? ¿qué compartiera su cama?. Sin embargo aun conversamos un rato, para él era como si hubiéramos estado hablando el día anterior, como si todo este tiempo no hubiera pasado, como si nunca me hubieran tenido que hacer daño sus palabras.
- Seguiremos en contacto –dijo antes de colgar.
Al día siguiente recibí un sms: Feliz Navidad, mi niña.
¿A los Reyes Magos se les traspapeló la carta y la han encontrado ahora?.
22:25 Permalink | Comentarios (3) | Enviar a Email
24/12/07
Ampliando horizontes
Al fin lo hice. Recorrí los 300 km que me separaban de Cosme, teniendo en cuenta que él hizo otro tanto para llegar a un punto intermedio.
Después del último encontronazo en nuestra conversación por msn, se había disculpado en un posterior encuentro.
- Supongo que te sale la vena machista –le había dicho yo.
- No me sale, sólo que no sé que me pasa.
Creo que desde entonces no habíamos vuelto a hablar más, hasta el viernes por la mañana. Cuando entro en mi oficina tengo la costumbre de encender mi msn, aunque siempre estoy en No conectado, por aquello de que hay que trabajar, pero así curioseo a ver quien entra a esa hora, que suele ser poca gente, por no decir nadie. Pero sé que a primera hora es fácil encontrarlo a él. La noche anterior me había dejado un mensaje: “¿Qué haces este sábado?”.
Decía que el viernes por la mañana lo encontré conectado y charlamos, y al poco rato me preguntó si quería que nos viésemos este fin de semana. Mi respuesta, esta vez, fue rápida, sin pensármelo demasiado.
- Sí, ¿a medio camino?.
- ¿Reservo hotel?.
- ¿Hotel? ¿y si no nos gustamos?.
- Bueno, habrá que dormir, ¿no?.
Y la verdad es que hasta me hacía ilusión. Iñigo se había ido a pasar las fiestas fuera con su familia, de César no sé nada (como siempre, pues aparece y desaparece como un espejismo), a Koldo ni mentarlo, Celso va diciendo que de este año no pasa que nos conozcamos (ha puesto fecha para el próximo fin de semana, y eso habrá que verlo)..., Samuel tal vez consiga que quede con él si logro obviar lo del "desayuno", así que me apetecía conocer por fin a Cosme después de un año. La verdad es que el sábado por la tarde había quedado con Armando, pero éste era anulable.

Llegué tarde porque me perdí (para variar), pero él estaba en la puerta del hotel. Ahí me entraron todos los miedos, ¿y si no soy lo que espera?. Ya sé que eso lo hubiera podido pensar cualquiera de los que he conocido, pero... recorrer tantos km para luego encontrarnos cara a cara y pensar: ¿Qué hago yo aquí?.
Él sonrió, se me acercó y me dio un beso en los labios. Ahí supuse que si no le hubiera gustado nos hubiéramos quedado con los dos besos cordiales en las mejillas. Fuimos a tomar algo, fuimos a cenar y sin dejar de hablar (no sé cual de los dos es más charlatán, creo que yo). Subimos a la habitación y seguimos hablando hasta que empezó a besarme, besarme y claro... ya se lió.
Nada más terminar cuando aún me estaba recuperando suelta:
- ¡Qué horror! ahora hablarás de mi en tu blog, y dirás: “pobrecillo, es buen tipo, pero como amante....”.
- ¿Por qué tendría que decir yo eso? –reí.
- ¿No nos dejas a todos a caldo en tu blog?, bueno, lo supongo, porque como no me lo dejas leer...
Pasó la noche entre risas y abrazos, y la verdad, mi miedo se había disipado. A veces pones demasiadas expectativas en un encuentro y luego viene la desilusión; sin embargo, esta vez no había sucedido así.
- Tengo una amiga que me dijo que sabía que se había enamorado cuando el hombre con el que se acostó la abrazó y se quedó dormido en lugar de salir corriendo. Pero supongo que tú no eres de las que piensas eso –dijo él.
- Bueno, es cierto que no soy partidaria de dormir acompañada, pero eso es preferible a que se esté vistiendo a los cinco minutos.
- Si quieres, puedes irte a casa –dijo riendo.
- ¿No te jode?, vete tú –le dije riendo a la vez.
Esta mañana todo ha sido igual, risas, conversaciones, sexo... Me pregunto si podría llegar a interesarme de verdad por ese hombre. Porque, además, por primera vez es alguien que tiene mi edad.
Nos hemos despedido en el punto en que las autopistas se separaban cada una en una dirección. Él ha levantado la mano a través de la ventana, yo he hecho lo mismo, y una sonrisa se dibujaba en mi cara. Aunque.... poniéndome en lo peor (como siempre) me da a mí que aquí termina la historia.
Esta tarde, para mi sorpresa, me ha llamado Pepe (P8 para los desmemoriados).
- ¿Cómo va tu vida? ¿y tus novios?.
- Bahhh! pues todo igual –he dicho.
- Así que sigues con 18 a la vez –ha reído él- ¿aún te apetece que tomemos un café cualquier tarde de éstas?.
- Claro, me encantaría.
- Miraré mi agenda a ver qué, que no es que esté muy llena, sino que está tan vacía que no sé donde escribir –ha seguido riendo.
Pero... me hace ilusión verlo.
14:45 Permalink | Comentarios (3) | Enviar a Email
16/12/07
Felicidad (absoluta)
Es cierto que dije que nunca más iba a hablar de Koldo, y no he cumplido, porque aunque no me he recreado, lo he nombrado de pasada.
También dije que estaba en horas bajas –como todos los inviernos– sin ganas de salir ni conocer a alguien nuevo, y casi menos salir con los que ya conozco, que al fin y al cabo (y seamos realistas) no me aportan nada nuevo que no sea sólo sexo.
Lo más triste de todo es no haber estado enamorada de nadie en todo este tiempo, ni tan sólo un poco interesada, como para sentir ese cosquilleo. Sí, quizá eso sí que lo estuve, aunque, lamentablemente, fuera por Koldo. Reconozco que eso ya pasó a la historia, y más habría pasado si él hubiera dejado de llamarme de una vez.
No me gusta ver películas de amor porque siempre acabo llorando. Supongo que será de rabia y de envidia. En estos últimos tiempos me he considerado relativamente feliz, se puede decir que no me falta de nada, y soy bastante más afortunada que otras muchas personas que me rodean y eso me hace sentir culpadamente feliz. Pero es eso simplemente: una felicidad relativa.
Llevo tres fines de semana encerrada en casa, tumbada en el sofá o enterrada entre las sábanas –pero acompañada solamente de mis gatos– sin ganas de quedar con nadie más. Creo que fue con Iñigo con quien quedé la última vez –de quien nunca más supe, y por otro lado, me alegro-, tampoco quiero que se convierta en mi compañía asidua.

Dejadme que me desahogue hablando de Koldo, please.
Aquel mismo sábado Koldo me mandó un mensaje para vernos. Le dije que había quedado con otra persona.
- Pues si has quedado con él por la noche, nosotros podemos vernos por la tarde –dijo tranquilamente.
- No, no voy a hacer eso.
- ¿Es que vas a follar con él?.
- Sí.
Imaginé que entonces ahí terminaba la conversación, pero aún llegó un nuevo sms.
- Pues entonces quedamos mañana domingo.
Lo dejé por inútil, no iba a entrar al trapo de nuevo. Domingo tarde me acosté porque tenía la cabeza como un tambor y estaba en fase de semidepresión, prefiriendo dormir que atacar la nevera, que eso conlleva después una mayor depresión. Cuatro de la tarde, un sms:
- Hola Bone, no voy a venir, no me siento bien, un beso guapa.
[- Pos vale, tampoco te estaba esperando].
Es miércoles, un sms de Koldo nuevamente. Quiere que nos veamos.
- Tengo niños –es mi respuesta
- Da igual, cuando duerman traigo una película.
[¿Cuántas películas deberíamos haber visto ya?, parece una frase regrabada, siempre dice lo mismo, pero lo cierto es que nunca he visto una película con él].
- No, no quiero que vengas, y menos con los niños.
- Vale, pues el viernes sí.
- El viernes será otro día.
Efectivamente, viernes, pero a la 1.30 de la madrugada.
- ¡Hola guapa!, ¿nos vemos?
- Estaba durmiendo y me gustaría seguir haciéndolo.
- Yo también quiero dormir, vengo, hablamos un poco y dormimos. ¿Qué me dices?.
- Pues te digo que no.
Viernes de la siguiente semana, esta vez son las 9.30 de la noche.
- ¿Quieres que nos veamos esta noche?
- No, no me apetece.
- ¡Venga! ¿por qué?.
- Mira, ya no me interesas, deja de insistir, ¿vale?.
- ¡Joder! ¿por qué?.
- No insistas.
Son la 1 de la madrugada. Nuevo mensaje.
- Pues a mí me hubiera gustado quedar contigo.
- No insistas. Voy a apagar el móvil.
Sólo escribo esto para ver si alguien con mayor capacidad que yo pudiera explicarme qué es lo que le pasa a ese chico. Porque si él no me hubiera interesado en algún momento, pues tal vez no me importaría todo esto, pero está claro que siempre te acabas interesando por quien menos se lo merece. Yo hace tiempo que tomé la decisión de no sufrir más por amor, y si veía cierto desinterés ya me retiraba. Eso es lo que pretendo hacer con Koldo hace ya un año, pero él no me deja.
Domingo tarde. Lo veo conectado por msn.
- ¿A qué viene tanta insistencia ahora conmigo?
- ¿Einnnn? ¿Acaso te he dicho algo hoy?.
Arrrrrrgggggggg!! [Encima como si yo fuera imbécil].
- Lo digo por toda esta serie de mensajes que me mandas. ¿Quieres que hablemos?.
- Vale, pero yo lo quiero es quedar contigo.
- Hablemos pues.
- ....
- ?
- ...
Y.... casualmente se corta la comunicación. No se pudo mantener ni una conversación de dos líneas. ¡Qué triste!.
Hoy mismo, esta mañana, otro sms.
- Hola bone, ¿cómo va todo, guapa?.
No he contestado, no quiero mas rifi-rafe. Si al menos me dejara en paz...
Me he puesto a ver una película, de amor, al menos así tengo un motivo para llorar y desahogarme.
- ¿Qué piensas? –le dice ella a él.
- Se me ha evaporado la mente –responde.
- ¿Es felicidad?.
Felicidad absoluta, eso es lo que yo quiero sentir, aunque sea momentánea. Quisiera poderle decir a alguien que le quiero, y si él me lo dijera a mí.... ya sería la bomba. Eso sería la felicidad absoluta que desconozco.
19:14 Permalink | Comentarios (6) | Enviar a Email
06/12/07
Mujer al volante.....
Lo del último fin de semana aún podría ampliarlo, pues aparte de lo que conté en aquel momento, aún tuve noticias de César (con quien quedé el viernes noche), de Celso (para decirme que seguía en pie lo de conocernos) y, ¿cómo no? de Koldo (de quién he desistido intentar comprender que es lo que busca ese chico, aparte de marearme).
Incluso, para mí gran sorpresa, tuve una nueva llamada de mi “admirador secreto”, de quien hacía más de un año –creo yo– que no llamaba. Pero estaba de tan mal humor, que le colgué el teléfono, lo cual ya sé que es contraproducente, porque cuanto menos caso le hago más insiste. Llegó a llamar hasta cinco veces, pero las siguientes ya no se lo cogí.
Pero hoy no quería hablar de mis desamores. Quería hablar de lo que me sucedió el domingo, y para reconocer que los hombres, a veces me sirven para algo.
Antes que nada, decir que yo está claro que necesito un GPS. Tengo el sentido de la orientación atrofiado, eso ya lo sé; si fuera ave migratoria, me habría perdido en el primer vuelo. Mis hijos ya lo saben, y en cada viaje me preguntan: “¿Ya nos hemos perdido?”, eso antes de que suceda, que siempre acaba sucediendo.
Pues bien, había salido con los niños en el fin de semana que me tocaba hacer de mamá. Ya nos perdimos en la primera ruta, lo cual con la niebla que había fue una putada, pues tuvimos que hacer el camino sin ver nada a medio metro, dos veces. Llegamos media hora tarde, aunque eso fue lo de menos.

La segunda ruta la hicimos bien (tal vez me tuve que salir del camino un par de veces, ni recuerdo), pero eso no fue nada. Después de eso teníamos que ir a comer, y cuando me metí en la carretera, al salir del pueblo donde estábamos, veo que los indicadores no dicen nada de donde yo iba, así que me detengo en una especie de descampado, saco el plano –no lo entiendo, claro (para eso soy mujer)– pero me da para entender que voy en sentido contrario. Nada, doy un giro al coche y no veo que hay un pedrusco enorme sobre el que, naturalmente, me meto. Así que el coche quedó bamboleando encima de la piedra, ni para delante ni para atrás. Mi coche es alto, así que imaginaros el tamaño del pedrusco.
Ni corta ni perezosa llamo al servicio de asistencia al que justo me aboné este verano, voy a estrenarlo.
- Verás, es que estoy encima de una piedra y el coche se ha quedado encallado.
- No te preocupes, en media hora te mando una grúa.
Vale, aunque en media hora tenía que estar en un restaurante algo alejado de ahí, pero en fin... Al poco, una llamada de la grúa.
- Que me han dicho que estás encallada, ¿ha sido un accidente?.
- No, mejor dicho un despiste, pero necesito una grúa para que me levante el coche.
- Uiii, no sé si eso se podrá hacer, porque arrastrarlo.... Bueno, tardaremos como una hora.
Vaaaaale. En eso ya había aparecido el primer hombre. Intentó empujarlo, pero nada, eso era imposible. Aún estando ese ahí, apareció el segundo, un rumano. Hay que decir en su defensa que la última vez que pinché una rueda, también fue un grupo de rumanos los que se ofrecieron a cambiarla. Total, que este rumano, chapurreando español, me dice que entre los dos hombres pueden levantar el coche. Pero no, el pobre hombre incluso se corta en los dedos.
Aparece el tercer hombre, un chico joven que se baja de una furgoneta. Me mira de arriba abajo y echándose las manos a la cabeza, se le escapa un “¡Mujeres!”. Yo sonrío, al fin y al cabo, tiene razón. Rodea el coche y dice que eso es imposible desatascarlo si no es con una grúa, lo cual hace desistir también al primer hombre. Los dos se marchan.
El rumano sigue ahí, le digo que no se preocupe, que ya vendrá la grúa, pero él insiste. Entra varias veces al descampado entre la maleza y me va sacando piedras. Las va metiendo debajo del coche. En esto aparece el cuarto hombre, viene de una gasolinera cercana. Me dice que no puede ayudarme, pero que tiene un gato, si hace falta. Le digo que no se preocupe, que ya está ahí el otro, y se va. El rumano me pide un gato, le indico donde creo que debe estar (aunque creo recordar que la última vez fue muy difícil de encontrar), así que desiste y se va. Yo pensaba que se había marchado, pero regresa con su coche, y el gato.
Vuelve al coche y saca .... una máquina de filmar. Se pone a filmar el desaguisado producido con mi coche, mientras habla en rumano. Supongo que estaba explicando lo gilipollas que era yo encajando mi coche en el único pedrusco que había por la zona.
- No te preocupes, ya vendrá la grúa.
- No, grúa mucho dinero, tú prisa.
- Prisa sí tengo, la verdad, pero no te molestes.
- Yo chofer, yo pensar, no nervios.
- No, no, yo tampoco estoy nerviosa, sólo que soy incapaz de resolver esto.
- Tu dejar a mi, coche salir.
El hombre, con unos grandes ojos azules, iba y venía con piedras. Se tumbaba por el suelo, las metía debajo de las ruedas, haciendo de palanca.
- Tú subir, probar.
Lo hice, empecé a echar marcha atrás con cuidado.
- Un momento, un momento –me detiene con las manos.
Y se va a buscar su cámara de nuevo. “Este hombre me hará salir en el youtube como mínimo”, pero viendo como su invento estaba funcionando, no dije nada.
Cuando sacamos el coche de ahí, no sabía que decirle. Le di las gracias repetidamente, y él sólo dijo: “Ahora yo limpiar eso”.
Me voy sorprendiéndome de la bondad humana, a veces.
Me meto después en una gasolinera, pago con tarjeta. El hombre la mira y después de cobrar, me la devuelve con un: “Toma, Bone, buen viaje”.
El coche está algo separado del surtidor, así que a la manguera cuesta llegar, la estiro con fuerza hasta conseguirlo. Por suerte costaba, porque justo la meto en el depósito, bajo la vista y leo “gasóleo”, al mismo tiempo que sale el hombre de la caja gritando: “Bone, bone.... noooo”. Naturalmente mi coche no es Diesel.
En fin, que la conducción no es lo mío.
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