02/01/08
Fin de Año
Hace cuatro años pasé la noche de Fin de Año en Brasil, más concretamente en Río de Janeiro. Allí la gente se viste completamente de blanco y corre a las playas de Copacabana donde hay música, tenderetes de comida, y fuegos artificiales. Yo estuve ahí, pero mi mal humor no me dejó aguantar a las doce campanadas y los fuegos artificiales, y me fui a dormir al hotel, dejando a mi (entonces) marido, sin poder disfrutar de esa noche.
Al año siguiente ya estaba separada, y para la noche de Fin de Año había quedado con un amigo. Esperé en vano. Por suerte para mí, sin demasiadas expectativas, pues pasé la noche chateando por Internet. Seis meses después supe que esa noche mi amigo tuvo un accidente de tráfico que le dejó tres meses en coma. Como excusa está bien, pero nunca llegué a corroborarlo porque, a pesar de que habíamos hablado de quedar cuando terminó con la rehabilitación, eso nunca llegó a producirse. Uno más de mi colección de indecisos.
El siguiente año tuve niños. Fue un Fin de Año casero y tranquilo.

El año pasado tenía que haberlo pasado con Koldo, así lo habíamos hablado. Pero tres días antes me había dejado plantada con su “no tenemos futuro”. Aunque, en su línea, la noche de Fin de Año me dejó un sms preguntándome qué iba a hacer, y si me gustaría verlo. Le dije que sí, pero, naturalmente, no se presentó. La gracia del tema está en que este año me ha suplicado, literalmente, quedar conmigo esa noche. Le dije que no, tenía mil razones para no verlo, pero, principalmente, porque había quedado con Celso.
En realidad con Celso había quedado el sábado pasado, pero aquella misma mañana se lo anulé. Esta vez era yo la indecisa. Mi “relación” con él tenía que terminar. Llevábamos tres años y medio de conversaciones por Internet, envío de fotos, mensajes, y también sesiones de cibersexo (para qué ocultarlo). No tenía mucho sentido seguir con ello, y últimamente él no dejaba de insistir para conocernos. Me decidí. Si nos encontrábamos y no le gustaba (lo que yo me temía), nos veíamos, charlábamos y punto pelota. Si le gustaba (es lo que él aseguraba que sucedería), pues moriría matando, al menos le poníamos la guinda al pastel. La “relación” acabaría de todos modos.
Decía que le anulé la cita del sábado noche. “Pero.... ¿para el 31 sí que estás libre?” había añadido él. A mí me sorprendía que un chico de 25 años quisiera pasar una noche como esa con alguien de mi edad, a quien todavía ni tan siquiera conocía, y estaba convencida de que no vendría (la voz de la experiencia, supongo). Con el hándicap añadido de que vive en un pueblo a una hora de distancia de mi ciudad.
Así que el lunes por la mañana, cuando apareció un sms en mi móvil.
Celso: ¿Cómo lo tenemos esta noche?. Como habías dicho que me dirías algo...
Bueno, decidí coger el toro por los cuernos y aceptar. Al fin y al cabo, como he dicho antes, no perdía nada. Hasta ahora me sentía nerviosa e indecisa, pero en el momento en que le di mi dirección y fijamos una hora, ya se me pasó todo.
Pero.... quince minutos antes, un nuevo sms.
Celso: Hola guapa, resulta que hay un pequeño problema. No puedo ir en coche. En casa lo saben y no quieren que lo coja en una noche como esta. Se han puesto como una moto ...
Yo ya estaba convencida de que, una vez más, el uno por el otro, se anulaba. Cuando seguí leyendo.
“...¿Qué hacemos? ¿Cojo el tren o me vienes a buscar tú?. Lo que sea más rápido”.
Bone: Ven en tren, te recogeré en la estación.
Celso: Voy ahora mismo, te digo algo. Pero me tendré que quedar hasta después de las uvas como mínimo...
Agradecí enormemente que se tomara esa molestia de coger el tren en una noche como esa, pudiendo haberse quedado con sus amigos.
Cuando llegué a la estación, aparqué en doble fila. El salió enseguida, me miró, sonrió y agitó la mano. Era dolorosamente joven, mucho más de lo que parecía en las fotos o por la cam. Subió al coche, llevaba una botella de cava, me dio dos besos y empezamos a hablar como si nos conociéramos de mucho tiempo. De hecho, así era.
Era muy atractivo, y con unos ojos verdes transparentes que echaban hacia atrás. Una vez en casa bebimos, cenamos, vimos la tele, hablamos. Al final susurró: “Aquello que temías de que no me gustaras, estabas muy equivocada” dijo sonriendo.
- Prepararé las uvas –dije.
Él me miró sonriendo.
- Es que...
- ¿No te gustan las uvas?.
- ¿Tienes turrón? ¿Suchard?.
Me reí, era bien del todo un niño, pero un niño encantador.
Naturalmente se quedó a dormir después de celebrar largamente la entrada del nuevo año. Al día siguiente le acompañé hasta su casa en mi coche.
- Me mandas un sms diciendo que has llegado bien –dijo al despedirse.
Lo hice:
Bone: Ya estoy en casa. Ha sido un Fin de Año perfecto.
Enseguida recibí respuesta:
Celso: Mucho, ¿no? Me alegro de que te haya gustado. Venga, guapa, entonces nos seguiremos viendo, besos.
No sé yo si seguiremos viéndonos o no, pero el recuerdo de tal como ha empezado el nuevo año, no me lo quitará nadie. Ahora ya me puedo morir.
17:50 Permalink | Comentarios (5) | Email esto



Comentarios
Bone pues no parece un mal comienzo, pero me parece que te remuerde un poco la conciencia.
Anotado por: luis | 03/01/08
Nada de morirse loca!!! Hay que repetirlo... :P
Anotado por: Musi | 04/01/08
Me alegro k hayas pasado tan bien el fin de año. A veces vale lapena coger el toro por los cuernos.
Un beso
Anotado por: jennyblack | 07/01/08
.... Ha diso una buena forma despedir el pasado año.... seguro que le volverás a ver... no hay nada que perder (como bien dices...) y si no pues q te quiten lo bailao... ¿no?
Un beso. Mare@
Anotado por: Mare@ | 09/01/08
La verdad es que sí es un buen comienzo de año, sí jejjejee.
Saludos desde el Inframundo.
Anotado por: Credendo Vides | 20/01/08
Dejar un comentario