« 2007-12 | Página de inicio | 2008-02 »

27/01/08

No son tantos

En el fondo no son tantos, todo depende del color con que se mire.

Iñigo es mi “acompañante” más habitual. Apenas hablo de él porque se puede decir que es el más normal de todos. No tengo anécdotas especiales, ni tampoco puedo encarnizarme a hablar mal de él. Es un tipo inteligente, agradable, simpático y habitual del gimnasio. Es menor que yo, pero al menos éste supera la treintena. Nuestro principal problemilla es su alergia a los gatos, lo que hace que en mi casa no podamos tener vida normal, y hayamos de encerrarnos en mi habitación que, previamente, ha pasado esa misma tarde un proceso de “desgatización”.
268aeb7004523b6443df030cec337801.jpg
Luego están los tres que podríamos llamar “itinerantes”:

Cosme, quien vive a 600 km de mí, mayor que yo (por aquello de que debo empezar a olvidar a los menores), y cuya distancia que nos separa me lleva al “no compromiso”. Por ahora sólo nos hemos visto una vez, pero él sugirió el poder repetirlo. “Tú y yo nos podemos llevar muy bien”, había dicho él. “Sin prisas”, pensé yo.

Celso, mi conquista de Fin de Año. Aunque la verdad no sé si debo ponerlo en este grupo o en el de los que ya-han-pasado-a-la-historia. Después de esa noche –digna de recordar– hablamos solamente una vez. Él había comentado que ojalá le hubiera dicho de poder vernos el viernes anterior. Y yo, que soy fácil de convencer, el viernes siguiente le mandé un sms proponiéndoselo. El contestó diciendo que había quedado para ir a esquiar, y que le sabía mal, pero que seguiríamos en contacto. Hasta ahí bien. no problem.

Pero esa vez que hablamos, acordamos que para mi cumpleaños (este mes de febrero) podíamos pasar el fin de semana juntos. Así que la sorpresa fue cuando después del msn diciéndome que se iba a esquiar, mandó uno nuevo.
Celso: ¿Por qué quieres quedar conmigo si no es tu cumpleaños todavía?.

Pues.... ¿porque me apetecía? .... ¿porque tú me habías dicho que te hubiera gustado verme el fin de semana anterior? .... porque ¿sólo vas a ser mi cita de las fiestas señaladas?. Como dice Miriam, mi única amiga que está al corriente de mis idas y venidas: “Es un hombre, es simple, le dijiste que para tu cumpleaños, y eso es lo que él tiene grabado en la mente”. Pues sí que.... Aunque, poniéndome en lo peor, yo creo que ni para esa fecha ya. Y lo que más me cabrea es que pienso en él mucho más de lo que debiera-quisiera.

César, que hasta ahora ha sido mi yogurín preferido. Con quien, a pesar de la gran diferencia de edad que nos separa, siempre hemos tenido muy buena relación, tanto dentro como fuera de la cama. Alguien con quien (cuando le encuentro, que eso es lo difícil) se puede hablar de todo, con quien me río un montón y con quien sexualmente mejor me lo paso. Le comenté que se había caído de la cabeza del ranking de los bollycaos.

- No, ni hablar, yo seguiré siendo tu yogurín, que yo aún era más joven que él cuando empezaste conmigo –rió–. A este paso, la próxima vez que hable contigo estarás en la cárcel.

César me encanta porque a pesar de lo atractivo que es, no se lo tiene nada creído. Siempre tiene piropos para mí (lo cual, en ciertos momentos, es de agradecer), y sabe hacerme reír (requisito imprescindible para estar conmigo).

Dejando de lado a los itinerantes, después está Koldo. Lo añado a la lista porque, aunque no quiera, siempre está ahí. Lleva seis meses mandándome mensajes todos los fines de semana, y a veces entre semana, para verme (nunca quiere recordar que fue él quién me dejó “por mayor”). Su frase, supongo que pregrabada en el móvil es: “¿Vengo?”. Muchos ni se los contesto, y otros simplemente lo hago con mi frase: “No, no vengas, he quedado”, aunque algunas veces sea falso.

Y por último, el que no come ni deja comer: Ernest.
Cuando yo ya lo había descartado de mi lista, reaparece, pero sólo para ir dejando miguitas de pan, como diciendo: “yo estoy por aquí”. Y lo peor de todo es que eso es lo que me llama la atención y lo que lo hace interesante y atractivo.

En las últimas conversaciones que hemos tenido ha confesado que le gusto [antes nunca había dicho tal cosa]. La penúltima vez me habló desde Munich (ya lo digo, el hombre siempre anda de aquí para allá).
- Preferiría estar en tu sofá, la verdad –había dicho.
- ¿Desde cuando?.
- Desde que miro esa foto tan sugerente que tienes, con esa camiseta blanca...

Pero luego ahí se queda la conversación. La última vez hablamos de que yo estaba haciendo dieta.
- ¿Y para qué coño haces tú dieta?
- Porque me he engordado bastante, pero en dos meses estaré estupenda –reí.
- ¿Y tengo que esperar dos meses para verte?.
- Si quieres verme estupenda sí.
- ¿Y si quiero verte a secas?.
- Entonces, tú mismo.

Pero nos despedimos y ahí queda la cosa. Supongo que es ese no saber, lo que hace que me sienta atraída hacia él. Pero, en fin, ya se verá, como supongo que también se verá lo que sucede con Celso. De todas formas no le entiendo, no entiendo a ninguno de ellos, empezando por Koldo, pasando por Celso y acabando por Ernest.

Resumiendo, que mirándolo bien, no son tantos. Y yo siempre ando sola.

13/01/08

Mentiras

Mentí cuando dije que ya me podía morir. Mentí porque, en realidad, quiero volver a verlo. Dije que esa iba a ser la guinda del pastel en nuestra “relación”, pero no imaginaba que él me iba a gustar tanto. Tanto, que aun sin saber si él quería volver a verme o no, me sentía exultante y contenta.
da19c6d2fb8a50e389ae72319fa3fa4b.jpg
El viernes siguiente estuve en casa. Koldo llevaba desde el día 26 al 3 (viernes era 4) insistiendo para verme, ¿cómo no?. El mismo se autoadjudicó el viernes para quedar conmigo. Yo le dejo decir, así acabamos antes las conversaciones, más que si entro al trapo diciéndole que no quiero verlo, que me cansa, que no insista.... Le dejo decir porque sé que, al final, acabará no viniendo, y ya está. Todo en él es una mentira.

Decía que el viernes noche estuve en casa. Sabía que Koldo no vendría, pero si lo hacía no pensaba abrirle la puerta, entre otras cosas porque llevaba yo unas pintas... ¡cómo para que saliera corriendo!. No obstante, es cierto que miraba mi móvil por si sonaba un mensaje, pero de Celso. Hubiera corrido a acicalarme, aunque mi trabajo me hubiera costado. Pero no sonó.

El domingo por fin hablé con él. Primero me preguntó qué me había parecido el encuentro. “Mejor de lo que esperaba” le dije.
- Lo mismo me sucedió a mi –dijo él-, tienes un espíritu muy joven. Me diste una sensación muy buena, como si fueras más joven, tu manera de ser, el estilo de hacer las cosas.... no sé. Muy bien, la verdad.

Yo me quedé encantada, cómo no, con su respuesta, aunque no sabía si creerlo.

- Además, estuve a punto de llamarte el viernes.
- Yo igual, pero no me atreví –dije.
- Tal vez era lo que yo estaba esperando. Ojalá pudiera retroceder en el tiempo...

La conversación que mantuve con él me ha tenido toda la semana en una nube. El hecho de que dijera que sí quería volver a verme, ha sido suficiente para tenerme ilusionada. ¡Ojo! que nadie se lleve a engaños, no es que esté enamorada, ni encandilada ni nada de eso, sólo que me sentí bien, feliz, mejor que nunca. Pero sé que me estoy engañando a mi misma. Digo que sé lo que me hago, que será solamente uno más, como el resto, pero en el fondo, sé que no es eso lo que yo quisiera. Miento una vez más.

También mentí cuando dije que a lo mejor me llegaba a interesar por Cosme más de lo normal. No es que mintiera, es que me confundí. Después de nuestro encuentro, hablé solamente una vez con él, y al preguntarle qué opinión había tenido de mí, el resumen había sido “se está bien contigo”. El había dicho que si nosotros tuviéramos una relación, él no me dejaría salir con otra gente. Por otra parte, normal. Lo que sucede es que para que yo accediera a ello tendría que estar enamorada, y por ahora, no se daba el caso. Así que imagino que Cosme ha ido a parar al baúl de los recuerdos.

Quien mandó un sms el día de Navidad y me dejó bastante sorprendida fue Ernest. A los pocos días hablamos. Dijo que siempre había creído que entre él y yo podía haber algo muy bueno, porque le resultaba interesante y atractiva, pero que por una serie de motivos tardó tres meses en conocerme. Dijo que después de aquel encuentro aún se había quedado más con las ganas.
- Desde ese día empezaste a correr y aún no has parado –aún bromeé.
- No es eso, es que se me complicaron las cosas con el viaje, pero siempre me he acordado de ti. Ese día que comimos juntos estuvo muy bien, y no he conseguido quedar nunca más (culpa absolutamente mía).
- Ya veo que eres un hombre muy ocupado.
- Es uno de los propósitos de cambio para 2008. ¿Aún quedarías conmigo?.
- No tengo muy claro que tú quieras –dije.
- Sé que es la impresión que he dado, pero te equivocas.

Tuvimos una conversación que me dejó bastante sorprendida, cuando yo lo había apartado totalmente de mi vida.
- Ese día estuve a punto de besarte.
- ¡Vaya! –sólo se me ocurrió decir-. Ya te dije la última vez que me lo anulaste que o lo bueno se hace esperar o que “lo nuestro” es imposible –añadí al fin.
- Esperaremos. Y... y si te veo y me apetece besarte.... no sé, ahora especulo...
Yo me reí, pero no me quedó nada claro que es lo que yo quería de él.

Siempre he creído que sus excusas han sido mentiras, y si no, al menos verdades a medias. Ahora no sé que debo creer.

Ayer casi quedé con César, después de tanto tiempo sin verlo. El problema es que él tenía una cena.
- Podría venir antes, pero no es mi estilo, y además me sabría a poco. Si quieres puedo venir después de la cena.

Le dije que sí, pero sabía que eso no pasaría, pero de él no me importa. Ya se lo había dicho antes, “de los hombres no espero nada”. Y eso sí que es cierto.

02/01/08

Fin de Año

Hace cuatro años pasé la noche de Fin de Año en Brasil, más concretamente en Río de Janeiro. Allí la gente se viste completamente de blanco y corre a las playas de Copacabana donde hay música, tenderetes de comida, y fuegos artificiales. Yo estuve ahí, pero mi mal humor no me dejó aguantar a las doce campanadas y los fuegos artificiales, y me fui a dormir al hotel, dejando a mi (entonces) marido, sin poder disfrutar de esa noche.

Al año siguiente ya estaba separada, y para la noche de Fin de Año había quedado con un amigo. Esperé en vano. Por suerte para mí, sin demasiadas expectativas, pues pasé la noche chateando por Internet. Seis meses después supe que esa noche mi amigo tuvo un accidente de tráfico que le dejó tres meses en coma. Como excusa está bien, pero nunca llegué a corroborarlo porque, a pesar de que habíamos hablado de quedar cuando terminó con la rehabilitación, eso nunca llegó a producirse. Uno más de mi colección de indecisos.

El siguiente año tuve niños. Fue un Fin de Año casero y tranquilo.
5e262c5e9d2ea0e20e0b63ee6a0471a0.jpg
El año pasado tenía que haberlo pasado con Koldo, así lo habíamos hablado. Pero tres días antes me había dejado plantada con su “no tenemos futuro”. Aunque, en su línea, la noche de Fin de Año me dejó un sms preguntándome qué iba a hacer, y si me gustaría verlo. Le dije que sí, pero, naturalmente, no se presentó. La gracia del tema está en que este año me ha suplicado, literalmente, quedar conmigo esa noche. Le dije que no, tenía mil razones para no verlo, pero, principalmente, porque había quedado con Celso.

En realidad con Celso había quedado el sábado pasado, pero aquella misma mañana se lo anulé. Esta vez era yo la indecisa. Mi “relación” con él tenía que terminar. Llevábamos tres años y medio de conversaciones por Internet, envío de fotos, mensajes, y también sesiones de cibersexo (para qué ocultarlo). No tenía mucho sentido seguir con ello, y últimamente él no dejaba de insistir para conocernos. Me decidí. Si nos encontrábamos y no le gustaba (lo que yo me temía), nos veíamos, charlábamos y punto pelota. Si le gustaba (es lo que él aseguraba que sucedería), pues moriría matando, al menos le poníamos la guinda al pastel. La “relación” acabaría de todos modos.

Decía que le anulé la cita del sábado noche. “Pero.... ¿para el 31 sí que estás libre?” había añadido él. A mí me sorprendía que un chico de 25 años quisiera pasar una noche como esa con alguien de mi edad, a quien todavía ni tan siquiera conocía, y estaba convencida de que no vendría (la voz de la experiencia, supongo). Con el hándicap añadido de que vive en un pueblo a una hora de distancia de mi ciudad.

Así que el lunes por la mañana, cuando apareció un sms en mi móvil.
Celso: ¿Cómo lo tenemos esta noche?. Como habías dicho que me dirías algo...

Bueno, decidí coger el toro por los cuernos y aceptar. Al fin y al cabo, como he dicho antes, no perdía nada. Hasta ahora me sentía nerviosa e indecisa, pero en el momento en que le di mi dirección y fijamos una hora, ya se me pasó todo.

Pero.... quince minutos antes, un nuevo sms.
Celso: Hola guapa, resulta que hay un pequeño problema. No puedo ir en coche. En casa lo saben y no quieren que lo coja en una noche como esta. Se han puesto como una moto ...

Yo ya estaba convencida de que, una vez más, el uno por el otro, se anulaba. Cuando seguí leyendo.

“...¿Qué hacemos? ¿Cojo el tren o me vienes a buscar tú?. Lo que sea más rápido”.

Bone: Ven en tren, te recogeré en la estación.
Celso: Voy ahora mismo, te digo algo. Pero me tendré que quedar hasta después de las uvas como mínimo...

Agradecí enormemente que se tomara esa molestia de coger el tren en una noche como esa, pudiendo haberse quedado con sus amigos.

Cuando llegué a la estación, aparqué en doble fila. El salió enseguida, me miró, sonrió y agitó la mano. Era dolorosamente joven, mucho más de lo que parecía en las fotos o por la cam. Subió al coche, llevaba una botella de cava, me dio dos besos y empezamos a hablar como si nos conociéramos de mucho tiempo. De hecho, así era.

Era muy atractivo, y con unos ojos verdes transparentes que echaban hacia atrás. Una vez en casa bebimos, cenamos, vimos la tele, hablamos. Al final susurró: “Aquello que temías de que no me gustaras, estabas muy equivocada” dijo sonriendo.

- Prepararé las uvas –dije.
Él me miró sonriendo.
- Es que...
- ¿No te gustan las uvas?.
- ¿Tienes turrón? ¿Suchard?.

Me reí, era bien del todo un niño, pero un niño encantador.

Naturalmente se quedó a dormir después de celebrar largamente la entrada del nuevo año. Al día siguiente le acompañé hasta su casa en mi coche.
- Me mandas un sms diciendo que has llegado bien –dijo al despedirse.

Lo hice:
Bone: Ya estoy en casa. Ha sido un Fin de Año perfecto.

Enseguida recibí respuesta:
Celso: Mucho, ¿no? Me alegro de que te haya gustado. Venga, guapa, entonces nos seguiremos viendo, besos.

No sé yo si seguiremos viéndonos o no, pero el recuerdo de tal como ha empezado el nuevo año, no me lo quitará nadie. Ahora ya me puedo morir.

Todas las notas