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25/02/08

Buscando

Siguiendo con la lectura de libros “instructivos”, ahora me voy a adentrar en La vuelta al mundo en 80 citas. Su autora, Jennifer Cox, nos narra sus vivencias al dejar su trabajo y embarcarse en la difícil tarea de buscar pareja por todo lo largo y ancho de este mundo.

Un anterior novio que tuve (con el que terminé cuando conocí al que sería marido) siempre decía que ya era casualidad que la media naranja tuviera que estar en tu misma ciudad o, como mucho, en las cercanías; lo que pasa es que por falta de tiempo, de ganas o de paciencia, nos acabábamos conformando con lo que teníamos más a mano. Algo así debió pensar esa Jennifer Cox cuando decidió salir a la búsqueda de esa media naranja allende los mares.
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Aún no he leído el libro, pues todavía ni me lo he comprado, pero leo en un comentario que tardó 55 citas en conseguir al hombre de su vida. Al primer golpe de vista, me asusto: ¿55 citas nuevas?. Pero después… si me lo miro bien, ¿acaso no las habré tenido yo ya esas 55 citas? (contando desde siempre, no sólo las citas conseguidas a través de Internet).

¿Con cuántos te has acostado?, me han preguntado alguna vez. Pero, ¿qué clase de pregunta es esa?, es como que me pregunten la edad o el peso, tres preguntas a las que no soporto contestar.

Me acostumbro a rodear de gente joven –tanto en mi trabajo como en mis salidas- así que siempre suelo ser la mayor, pero no soporto que me pregunten la edad que tengo, aunque sea para que me contesten que ni se lo imaginaban y que parezco mucho más joven. Koldo volvió a preguntármelo hace poco:
- A ver, ¿tú cuántos años tenías? -soltó.
- ¡Y dale! ¡qué más da la edad que tengo!, si te gusto bien, si no… pues… también, pero deja de hablarme de la edad.

Otro tema, los kilos. ¿Y qué más da cuánto peso?. Pues lo mismo que con la edad: si te gusta lo que ves, pues adelante, si no … a otra cosa, mariposa. Yo no tengo ningún cuerpo espectacular (lo digo por algún comentario equivocado que he leído), sólo puedo decir que no estoy mal para la edad que tengo. La última vez que fui al dietista le dije: “Quiero que me dejes bien”. Él, mirándome de arriba a abajo dijo: “¿Qué quieres? Si hay mujeres de 30 que parecen tu madre”.

Sí, es cierto, hay gente de mi edad que está peor, pero eso no presupone que yo tenga que estar bien. Lo dicho, podría estar peor, pero no voy a ganar el certamen de Miss España, eso seguro. Pero …. ¡qué nadie me pregunte cuánto peso!!!!!.

A lo que íbamos. La tercera pregunta: “¿con cuántos te has acostado?”. Cuando he dicho que seguramente yo también he llegado a tener 55 citas, no quiere decir que con todos haya …., eso hay que aclararlo, que no todo el monte es orégano. Al que me hizo esa pregunta por última vez le dije que no lo sabía.
- Pon un número –dijo.
- No lo sé, no los he contado [aunque te aseguro que tú no estarás en esa lista].
Mi madre me diría que con un historial como ese, nadie querría casarse conmigo. Pero…. ¿es que acaso quiero yo casarme con alguien?.

Siguiendo la teoría de mi exnovio yo ya he buscado en otros países, he tenido algún affaire italiano, irlandés, holandés, alemán, un griego, un brasileño (me casé con él), algún peruano, uno de la República Dominicana, y unos cuantos españoles (de diferentes Comunidades Autónomas), sin encontrar en ninguna de esas citas a mi hombre ideal. Los he conocido a través de diversos medios, aunque … siguiendo algún consejo que he leído ¿tendría que empezar a buscar a través del blog?.

14/02/08

En oferta

Hoy es el día de los enamorados, y no voy a hablar de él porque, evidentemente, no es mi día.

El que sí fue mi día (o debería haberlo sido) fue el sábado pasado, día en el que cumplí un año más (cosa que no quisiera ni recordar) ya que hace algunos años que no pongo velas en mi pastel. Esta vez no hubo ni pastel. Fue un día que pasó sin pena ni gloria ya que ni salí de casa ni nadie entró en ella tampoco.

Por suerte, mis amigos del trabajo -tanto del nuevo donde llevo un año, como del anterior- se acordaron de mí, e hicieron sonar el móvil con sus mensajes. Lo que vienen siendo mis amigos-amantes, esos ni piaron. Tampoco les voy a echar toda la culpa a ellos, pues ni tan siquiera sabían que era mi cumpleaños. Sólo lo sabía Celso aquel-de-quien-nunca-más-se-supo; aunque de haberlo sabido, creo que sólo Iñigo me hubiera felicitado.

En vista de ello decidí volver a caer en el consabido error de inscribirme en una página de contactos, puesto que la limpieza que he hecho en los últimos meses me ha dejado sin material que manejar. Sé que me quejo una y otra vez de este tipo de páginas y de lo que se encuentra en ellas, pero es que, por mi situación, no tengo otras opciones. Porque como dice el subtítulo del libro “Liguemos.com” de Alicia Misrahi: Mujer inteligente, atractiva y con humor busca y … ¿encuentra?. Está claro que no es tan fácil encontrar como se dice, o al menos encontrar algo que valga mínimamente la pena y no nos haga llorar o reír de pura pena.

En la película “…Y que le gusten los perros”, que también versaba sobre las citas virtuales, la página de contactos era bastante interesante, pues al recibir un nuevo mensaje, al darle a la tecla se abría una ventanita con el vídeo del interesado diciendo algunas palabritas. ¿Eso existe aquí?, porque ya se dice que una imagen vale más que mil palabras, entonces… una imagen y unas cuantas frases es suficiente para ver si hay posibilidades o mejor darle a la tecla de Borrar.
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Estábamos en que me inscribí en la página de contactos, y recibí un mensaje. Aquí no había vídeo, pero sí la sugerente foto de unos ojos verdes. Ya he confesado más de una vez que eso me pierde, así que esos ojos acompañados de un texto sencillo me hizo decidirme a contestarle. Italiano, ojos verdes (ya sé que me repito), Jessopo, llamémosle Jess. A estas alturas ya hemos hablado dos veces (unas cuantas horillas). El primer día me pareció interesante, el segundo me dio algo de miedo (¿será un psicópata?). Lo veo demasiado interesado en conocerme, no sé.
- Me gustan las pelirrojas -había dicho él.
- ¿Aunque sean de bote?.
- Aún así. Cada vez me gustas más, Bone.
Y a mí ya me entra el canguelis. ¿He dicho que vive a 5 minutos caminando desde mi casa?. Ya es casualidad en una ciudad como Barcelona.

Hemos quedado para dentro de quince días, pues dice que marcha de viaje a Roma y no va a conectarse. Así que es posible que no vuelva a hablar más de él aquí hasta después de la cita (si es que llega a haberla). De momento ya tengo la X marcada en mi calendario.

La otra cita que tengo marcada es la de Ernest para el próximo viernes. ¿Llegará a producirse por fin?. Después de diversas conversaciones en las que me quedó bastante claro que el chico está más “ocupado” de lo que dice estar, ahora me sorprende con un:
- Querida, ¿cómo lo tienes el próximo finde?.
Ya tengo otra X fijada en mi calendario, pero creo que la haré a lápiz, porque lo más seguro es que tenga que acabarla borrando.

05/02/08

Conversaciones por msn

Cuando leo sobre conversaciones mantenidas por el msn me doy cuenta que, en el fondo, no he tenido tan mala suerte. Respecto a los encuentros que he tenido, a excepción de un par de ellos que, la verdad, preferiría borrar de mi pasado, los demás no han sido tan malos. Es cierto que ninguno era perfecto, como tampoco lo soy yo, pero cuando he decidido quedar es porque, más o menos, intuía que aquello podría funcionar.

Mis dos grandes errores: Isidro y Jacinto. Soy partidaria de que antes de quedar en real necesito haber hablado al menos tres o cuatro veces (claro que con algunos he estado tres años y medio de cháchara hasta el día D –léase Celso, claro-).
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Con Jacinto el error estuvo en que cuando escribía no parecía tan bobo como era en real y físicamente… es que tenía siempre la cámara desenfocada. Pero lo que se me hizo insoportable de él era lo tonto que podía llegar a ser, cuando para hablarme siempre me daba golpecitos en el brazo, me colocaba su cara frente a la mía, aunque estuviéramos de lado, forzando su cuello, mirándome fijamente mientras me daba la razón en todo, cambiando continuamente de opinión a medida que yo iba hablando.

Con Isidro lo que sucedió es que no llegamos a hablar demasiado, mejor dicho, no hablamos nada, nos conocimos por msn aquel domingo y horas después quedaba conmigo.

Habíamos hablado de ser amigos, con derecho a roce, si quieres, pero amigos. “¿Dónde hay que firmar? Había dicho él. Lo que sucede es que parece que no se leyó bien el contrato. Llegó, vio y venció. Nada de conversación, nada de tomarnos algo, nada de preámbulos … sólo le había faltado dejar el dinero encima de la mesilla de noche. ¡Y luego aún se extrañaba de que le dijera que no quería volver a verlo más!.

Esos fueron mis grandes errores, sobre todo Isidro, ya que con Jacinto no llegó a pasar nada (¡sólo eso me hubiera faltado!).

Pero hablaba de que si el resto de citas habían ido medianamente bien, no siempre había sido así en las conversaciones que había mantenido por el msn. Sólo que un atisbo de cordura me había hecho eliminarlos directamente del msn y de mi vida.

Hablando de “cobrar”, estaba aquél que me dijo que llegaría a pagar para estar conmigo. No sé si eso me lo tenía que tomar como un cumplido o como un insulto.
- ¿Y cuánto pagarías? –le dije.
- Llegaría a pagar 100 euros la hora.
Que nadie vaya a pensar que estaba dispuesta a aceptar tal propuesta (a menos que me encontrara en “Proposición indecente” y me la hiciera Robert Redford en sus tiempos mozos o Johny Deep -más actual para mí- y por 1.000.000 $).
- No es mucho –le dije.
Aunque en realidad no tengo ni idea de a cuánto está el tema. Él debió leer mal, parece que introdujo una coma entre el “no” y el “es”, porque contestó: “tú te lo mereces”, creyendo que yo había dicho que esa cantidad era demasiado. Evidentemente no acepté, porque no sé lo que cuesto, pero sí lo que valgo.

Y aquel que mentía más que hablaba, que se quitó 20 años de un plumazo, que se inventó toda una vida para que pudiera coincidir con su “nueva” edad, que se contradecía continuamente y que … si no llego a descubrirlo a tiempo porque aquello no me encajaba, pretendía que me diera cuenta tan pronto como llegara yo al aeropuerto. ¿Acaso creía que una vez descubierto “la mentirijilla” me iría con él?. Iluso.

O aquel otro que nada más conectarme me bombardeaba con preguntas de: “Nombre”, “Edad”, “Profesión”, así, a palo seco, tal cual que si me estuviera haciendo un cuestionario. A la cuarta pregunta, lo eliminé directamente. No por nada, sino porque, no sé, me hubiera gustado poder mantener una conversación.

Y aquel otro que me preguntaba qué buscaba exactamente. Le dije que, de momento, una relación formal no. “¿Buscas una aventura entonces?” Lo dijo como recriminándome. No, no tiene porque ser una aventura, podría ser una amistad (ilusa de mí), pensaba yo, pero tampoco quiero dar a entender lo que no es. Me preguntó si buscaba sexo, le dije que no exactamente. Me preguntó a que me dedicaba, y me respondió que yo era una pretenciosa. Me metió todo un sermón sobre las relaciones, la familia, los hijos… aunque no dejaba de repetir que quería ver una foto mía.

Luego le mandé un correo, educada que es una, diciéndole que mejor que no habláramos más, pues estaba claro que no buscábamos lo mismo. Me respondió tal cual: “Te equivocas en muchas cosas y aspectos, pero tus decisiones son una orden, así que no te preocupes. No debería ni siquiera contestar tu e-mail pero quizás lo hice para corregirte, y más, no me hace falta ninguna página de contactos para buscar sexo o satisfacción placentera”. Púdrete, cretino (eso lo digo yo).

En fin, que si me pongo a contar.... no acabo.

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