02/04/08
A dieta
Soy una experta en dietas, me las conozco todas, las antiguas y las modernas, las rápidas y las lentas. Las he hecho todas, y aún así no estoy delgada. Cuando llego a casa no me apetece comer nada de lo que tengo –todo dietético– y al final, como poco y mal.
Con los hombres me pasa lo mismo, no me apetece nada de lo que tengo, y al final, no sé si como poco, pero sí mal. Es por eso que he decidido ponerme a dieta de hombres una temporada.

A Jess ya decidí finiquitarlo la última vez que estuvo en casa, con su mirada penetrante y su sonrisa maligna. Con Ralf al final la primera vez no estuvo mal, pero el entusiasmo me duró los días que tardó en volverme a llamar. Durante esos días imaginé que era un tipo interesante, que tal vez me convenía. Pero este síntoma se desvaneció en cuanto me llamó para volverme a ver. Acepté, eso sí, con una cierta desgana, y acabé descubriendo que estaba lejos de ser el hombre de mi vida.
A Iñigo no me importa verlo de vez en cuando. De hecho, la última vez que estuve con él intentaba mirármelo con otros ojos, y me preguntaba: “¿Por qué no puedo enamorarme si es un buen tipo, divertido, inteligente, que no está mal, simpático...?”.
El otro día, Koldo me pilló de buenas y acepté, por fin, quedar con él. Claro que al poco rato me estaba mandando un sms:
Koldo: Acabo de recordar que tengo una cena, no podré ir.
BdG: Tú estás enfermo, tío.
Pero se lo dije con la mayor tranquilidad del mundo. Y sí, realmente está enfermo, porque a los pocos días me mandaba un nuevo sms:
Koldo: A las 4 estoy en tu casa.
BdG: Perfecto, así conocerás a mi ex marido que está almorzando conmigo.
Koldo: Ok, perdona.
Total, tampoco hubiera venido...
A Ernest también lo anulé después del último plantón, y no porque no esté acostumbrada a sus desplantes o a los de Koldo, si no porque en su sms, al anularlo añadió un “so sorry”. ¡Mecagüen la mar!, encima parecía recochineo, ya le diré yo donde se puede meter el sousorri de las narices.
Y Celso, el único que despertaba un poco de interés en mí, también ha llegado a cansarme, casi incluso antes de empezar.
- Ya nos veremos por aquí –le dije la última vez que hablamos por msn.
- O en real mejor, ¿no?.
Pues, la verdad es que no lo sé. De hecho, ¿de qué voy a hablar con él?.
Total, que ya que no me apetece nada de lo que tengo en la nevera, digo a mano, me pondré a dieta, y espero que no acabe siendo un ayuno. Lo malo es que todo esto tiene un efecto colateral: no tendré tema para hablar en mi blog, así que debo hacer un paréntesis. Tal vez regrese cuando desaparezca mi astenia primaveral y pueda contar nuevas historias de desamor.
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