14/02/08
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Hoy es el día de los enamorados, y no voy a hablar de él porque, evidentemente, no es mi día.
El que sí fue mi día (o debería haberlo sido) fue el sábado pasado, día en el que cumplí un año más (cosa que no quisiera ni recordar) ya que hace algunos años que no pongo velas en mi pastel. Esta vez no hubo ni pastel. Fue un día que pasó sin pena ni gloria ya que ni salí de casa ni nadie entró en ella tampoco.
Por suerte, mis amigos del trabajo -tanto del nuevo donde llevo un año, como del anterior- se acordaron de mí, e hicieron sonar el móvil con sus mensajes. Lo que vienen siendo mis amigos-amantes, esos ni piaron. Tampoco les voy a echar toda la culpa a ellos, pues ni tan siquiera sabían que era mi cumpleaños. Sólo lo sabía Celso aquel-de-quien-nunca-más-se-supo; aunque de haberlo sabido, creo que sólo Iñigo me hubiera felicitado.
En vista de ello decidí volver a caer en el consabido error de inscribirme en una página de contactos, puesto que la limpieza que he hecho en los últimos meses me ha dejado sin material que manejar. Sé que me quejo una y otra vez de este tipo de páginas y de lo que se encuentra en ellas, pero es que, por mi situación, no tengo otras opciones. Porque como dice el subtítulo del libro “Liguemos.com” de Alicia Misrahi: Mujer inteligente, atractiva y con humor busca y … ¿encuentra?. Está claro que no es tan fácil encontrar como se dice, o al menos encontrar algo que valga mínimamente la pena y no nos haga llorar o reír de pura pena.
En la película “…Y que le gusten los perros”, que también versaba sobre las citas virtuales, la página de contactos era bastante interesante, pues al recibir un nuevo mensaje, al darle a la tecla se abría una ventanita con el vídeo del interesado diciendo algunas palabritas. ¿Eso existe aquí?, porque ya se dice que una imagen vale más que mil palabras, entonces… una imagen y unas cuantas frases es suficiente para ver si hay posibilidades o mejor darle a la tecla de Borrar.

Estábamos en que me inscribí en la página de contactos, y recibí un mensaje. Aquí no había vídeo, pero sí la sugerente foto de unos ojos verdes. Ya he confesado más de una vez que eso me pierde, así que esos ojos acompañados de un texto sencillo me hizo decidirme a contestarle. Italiano, ojos verdes (ya sé que me repito), Jessopo, llamémosle Jess. A estas alturas ya hemos hablado dos veces (unas cuantas horillas). El primer día me pareció interesante, el segundo me dio algo de miedo (¿será un psicópata?). Lo veo demasiado interesado en conocerme, no sé.
- Me gustan las pelirrojas -había dicho él.
- ¿Aunque sean de bote?.
- Aún así. Cada vez me gustas más, Bone.
Y a mí ya me entra el canguelis. ¿He dicho que vive a 5 minutos caminando desde mi casa?. Ya es casualidad en una ciudad como Barcelona.
Hemos quedado para dentro de quince días, pues dice que marcha de viaje a Roma y no va a conectarse. Así que es posible que no vuelva a hablar más de él aquí hasta después de la cita (si es que llega a haberla). De momento ya tengo la X marcada en mi calendario.
La otra cita que tengo marcada es la de Ernest para el próximo viernes. ¿Llegará a producirse por fin?. Después de diversas conversaciones en las que me quedó bastante claro que el chico está más “ocupado” de lo que dice estar, ahora me sorprende con un:
- Querida, ¿cómo lo tienes el próximo finde?.
Ya tengo otra X fijada en mi calendario, pero creo que la haré a lápiz, porque lo más seguro es que tenga que acabarla borrando.
13:40 Permalink | Comentarios (5) | Email esto
05/02/08
Conversaciones por msn
Cuando leo sobre conversaciones mantenidas por el msn me doy cuenta que, en el fondo, no he tenido tan mala suerte. Respecto a los encuentros que he tenido, a excepción de un par de ellos que, la verdad, preferiría borrar de mi pasado, los demás no han sido tan malos. Es cierto que ninguno era perfecto, como tampoco lo soy yo, pero cuando he decidido quedar es porque, más o menos, intuía que aquello podría funcionar.
Mis dos grandes errores: Isidro y Jacinto. Soy partidaria de que antes de quedar en real necesito haber hablado al menos tres o cuatro veces (claro que con algunos he estado tres años y medio de cháchara hasta el día D –léase Celso, claro-).

Con Jacinto el error estuvo en que cuando escribía no parecía tan bobo como era en real y físicamente… es que tenía siempre la cámara desenfocada. Pero lo que se me hizo insoportable de él era lo tonto que podía llegar a ser, cuando para hablarme siempre me daba golpecitos en el brazo, me colocaba su cara frente a la mía, aunque estuviéramos de lado, forzando su cuello, mirándome fijamente mientras me daba la razón en todo, cambiando continuamente de opinión a medida que yo iba hablando.
Con Isidro lo que sucedió es que no llegamos a hablar demasiado, mejor dicho, no hablamos nada, nos conocimos por msn aquel domingo y horas después quedaba conmigo.
Habíamos hablado de ser amigos, con derecho a roce, si quieres, pero amigos. “¿Dónde hay que firmar? Había dicho él. Lo que sucede es que parece que no se leyó bien el contrato. Llegó, vio y venció. Nada de conversación, nada de tomarnos algo, nada de preámbulos … sólo le había faltado dejar el dinero encima de la mesilla de noche. ¡Y luego aún se extrañaba de que le dijera que no quería volver a verlo más!.
Esos fueron mis grandes errores, sobre todo Isidro, ya que con Jacinto no llegó a pasar nada (¡sólo eso me hubiera faltado!).
Pero hablaba de que si el resto de citas habían ido medianamente bien, no siempre había sido así en las conversaciones que había mantenido por el msn. Sólo que un atisbo de cordura me había hecho eliminarlos directamente del msn y de mi vida.
Hablando de “cobrar”, estaba aquél que me dijo que llegaría a pagar para estar conmigo. No sé si eso me lo tenía que tomar como un cumplido o como un insulto.
- ¿Y cuánto pagarías? –le dije.
- Llegaría a pagar 100 euros la hora.
Que nadie vaya a pensar que estaba dispuesta a aceptar tal propuesta (a menos que me encontrara en “Proposición indecente” y me la hiciera Robert Redford en sus tiempos mozos o Johny Deep -más actual para mí- y por 1.000.000 $).
- No es mucho –le dije.
Aunque en realidad no tengo ni idea de a cuánto está el tema. Él debió leer mal, parece que introdujo una coma entre el “no” y el “es”, porque contestó: “tú te lo mereces”, creyendo que yo había dicho que esa cantidad era demasiado. Evidentemente no acepté, porque no sé lo que cuesto, pero sí lo que valgo.
Y aquel que mentía más que hablaba, que se quitó 20 años de un plumazo, que se inventó toda una vida para que pudiera coincidir con su “nueva” edad, que se contradecía continuamente y que … si no llego a descubrirlo a tiempo porque aquello no me encajaba, pretendía que me diera cuenta tan pronto como llegara yo al aeropuerto. ¿Acaso creía que una vez descubierto “la mentirijilla” me iría con él?. Iluso.
O aquel otro que nada más conectarme me bombardeaba con preguntas de: “Nombre”, “Edad”, “Profesión”, así, a palo seco, tal cual que si me estuviera haciendo un cuestionario. A la cuarta pregunta, lo eliminé directamente. No por nada, sino porque, no sé, me hubiera gustado poder mantener una conversación.
Y aquel otro que me preguntaba qué buscaba exactamente. Le dije que, de momento, una relación formal no. “¿Buscas una aventura entonces?” Lo dijo como recriminándome. No, no tiene porque ser una aventura, podría ser una amistad (ilusa de mí), pensaba yo, pero tampoco quiero dar a entender lo que no es. Me preguntó si buscaba sexo, le dije que no exactamente. Me preguntó a que me dedicaba, y me respondió que yo era una pretenciosa. Me metió todo un sermón sobre las relaciones, la familia, los hijos… aunque no dejaba de repetir que quería ver una foto mía.
Luego le mandé un correo, educada que es una, diciéndole que mejor que no habláramos más, pues estaba claro que no buscábamos lo mismo. Me respondió tal cual: “Te equivocas en muchas cosas y aspectos, pero tus decisiones son una orden, así que no te preocupes. No debería ni siquiera contestar tu e-mail pero quizás lo hice para corregirte, y más, no me hace falta ninguna página de contactos para buscar sexo o satisfacción placentera”. Púdrete, cretino (eso lo digo yo).
En fin, que si me pongo a contar.... no acabo.
13:50 Permalink | Comentarios (7) | Email esto
27/01/08
No son tantos
En el fondo no son tantos, todo depende del color con que se mire.
Iñigo es mi “acompañante” más habitual. Apenas hablo de él porque se puede decir que es el más normal de todos. No tengo anécdotas especiales, ni tampoco puedo encarnizarme a hablar mal de él. Es un tipo inteligente, agradable, simpático y habitual del gimnasio. Es menor que yo, pero al menos éste supera la treintena. Nuestro principal problemilla es su alergia a los gatos, lo que hace que en mi casa no podamos tener vida normal, y hayamos de encerrarnos en mi habitación que, previamente, ha pasado esa misma tarde un proceso de “desgatización”.

Luego están los tres que podríamos llamar “itinerantes”:
Cosme, quien vive a 600 km de mí, mayor que yo (por aquello de que debo empezar a olvidar a los menores), y cuya distancia que nos separa me lleva al “no compromiso”. Por ahora sólo nos hemos visto una vez, pero él sugirió el poder repetirlo. “Tú y yo nos podemos llevar muy bien”, había dicho él. “Sin prisas”, pensé yo.
Celso, mi conquista de Fin de Año. Aunque la verdad no sé si debo ponerlo en este grupo o en el de los que ya-han-pasado-a-la-historia. Después de esa noche –digna de recordar– hablamos solamente una vez. Él había comentado que ojalá le hubiera dicho de poder vernos el viernes anterior. Y yo, que soy fácil de convencer, el viernes siguiente le mandé un sms proponiéndoselo. El contestó diciendo que había quedado para ir a esquiar, y que le sabía mal, pero que seguiríamos en contacto. Hasta ahí bien. no problem.
Pero esa vez que hablamos, acordamos que para mi cumpleaños (este mes de febrero) podíamos pasar el fin de semana juntos. Así que la sorpresa fue cuando después del msn diciéndome que se iba a esquiar, mandó uno nuevo.
Celso: ¿Por qué quieres quedar conmigo si no es tu cumpleaños todavía?.
Pues.... ¿porque me apetecía? .... ¿porque tú me habías dicho que te hubiera gustado verme el fin de semana anterior? .... porque ¿sólo vas a ser mi cita de las fiestas señaladas?. Como dice Miriam, mi única amiga que está al corriente de mis idas y venidas: “Es un hombre, es simple, le dijiste que para tu cumpleaños, y eso es lo que él tiene grabado en la mente”. Pues sí que.... Aunque, poniéndome en lo peor, yo creo que ni para esa fecha ya. Y lo que más me cabrea es que pienso en él mucho más de lo que debiera-quisiera.
César, que hasta ahora ha sido mi yogurín preferido. Con quien, a pesar de la gran diferencia de edad que nos separa, siempre hemos tenido muy buena relación, tanto dentro como fuera de la cama. Alguien con quien (cuando le encuentro, que eso es lo difícil) se puede hablar de todo, con quien me río un montón y con quien sexualmente mejor me lo paso. Le comenté que se había caído de la cabeza del ranking de los bollycaos.
- No, ni hablar, yo seguiré siendo tu yogurín, que yo aún era más joven que él cuando empezaste conmigo –rió–. A este paso, la próxima vez que hable contigo estarás en la cárcel.
César me encanta porque a pesar de lo atractivo que es, no se lo tiene nada creído. Siempre tiene piropos para mí (lo cual, en ciertos momentos, es de agradecer), y sabe hacerme reír (requisito imprescindible para estar conmigo).
Dejando de lado a los itinerantes, después está Koldo. Lo añado a la lista porque, aunque no quiera, siempre está ahí. Lleva seis meses mandándome mensajes todos los fines de semana, y a veces entre semana, para verme (nunca quiere recordar que fue él quién me dejó “por mayor”). Su frase, supongo que pregrabada en el móvil es: “¿Vengo?”. Muchos ni se los contesto, y otros simplemente lo hago con mi frase: “No, no vengas, he quedado”, aunque algunas veces sea falso.
Y por último, el que no come ni deja comer: Ernest.
Cuando yo ya lo había descartado de mi lista, reaparece, pero sólo para ir dejando miguitas de pan, como diciendo: “yo estoy por aquí”. Y lo peor de todo es que eso es lo que me llama la atención y lo que lo hace interesante y atractivo.
En las últimas conversaciones que hemos tenido ha confesado que le gusto [antes nunca había dicho tal cosa]. La penúltima vez me habló desde Munich (ya lo digo, el hombre siempre anda de aquí para allá).
- Preferiría estar en tu sofá, la verdad –había dicho.
- ¿Desde cuando?.
- Desde que miro esa foto tan sugerente que tienes, con esa camiseta blanca...
Pero luego ahí se queda la conversación. La última vez hablamos de que yo estaba haciendo dieta.
- ¿Y para qué coño haces tú dieta?
- Porque me he engordado bastante, pero en dos meses estaré estupenda –reí.
- ¿Y tengo que esperar dos meses para verte?.
- Si quieres verme estupenda sí.
- ¿Y si quiero verte a secas?.
- Entonces, tú mismo.
Pero nos despedimos y ahí queda la cosa. Supongo que es ese no saber, lo que hace que me sienta atraída hacia él. Pero, en fin, ya se verá, como supongo que también se verá lo que sucede con Celso. De todas formas no le entiendo, no entiendo a ninguno de ellos, empezando por Koldo, pasando por Celso y acabando por Ernest.
Resumiendo, que mirándolo bien, no son tantos. Y yo siempre ando sola.
14:35 Permalink | Comentarios (6) | Email esto
13/01/08
Mentiras
Mentí cuando dije que ya me podía morir. Mentí porque, en realidad, quiero volver a verlo. Dije que esa iba a ser la guinda del pastel en nuestra “relación”, pero no imaginaba que él me iba a gustar tanto. Tanto, que aun sin saber si él quería volver a verme o no, me sentía exultante y contenta.

El viernes siguiente estuve en casa. Koldo llevaba desde el día 26 al 3 (viernes era 4) insistiendo para verme, ¿cómo no?. El mismo se autoadjudicó el viernes para quedar conmigo. Yo le dejo decir, así acabamos antes las conversaciones, más que si entro al trapo diciéndole que no quiero verlo, que me cansa, que no insista.... Le dejo decir porque sé que, al final, acabará no viniendo, y ya está. Todo en él es una mentira.
Decía que el viernes noche estuve en casa. Sabía que Koldo no vendría, pero si lo hacía no pensaba abrirle la puerta, entre otras cosas porque llevaba yo unas pintas... ¡cómo para que saliera corriendo!. No obstante, es cierto que miraba mi móvil por si sonaba un mensaje, pero de Celso. Hubiera corrido a acicalarme, aunque mi trabajo me hubiera costado. Pero no sonó.
El domingo por fin hablé con él. Primero me preguntó qué me había parecido el encuentro. “Mejor de lo que esperaba” le dije.
- Lo mismo me sucedió a mi –dijo él-, tienes un espíritu muy joven. Me diste una sensación muy buena, como si fueras más joven, tu manera de ser, el estilo de hacer las cosas.... no sé. Muy bien, la verdad.
Yo me quedé encantada, cómo no, con su respuesta, aunque no sabía si creerlo.
- Además, estuve a punto de llamarte el viernes.
- Yo igual, pero no me atreví –dije.
- Tal vez era lo que yo estaba esperando. Ojalá pudiera retroceder en el tiempo...
La conversación que mantuve con él me ha tenido toda la semana en una nube. El hecho de que dijera que sí quería volver a verme, ha sido suficiente para tenerme ilusionada. ¡Ojo! que nadie se lleve a engaños, no es que esté enamorada, ni encandilada ni nada de eso, sólo que me sentí bien, feliz, mejor que nunca. Pero sé que me estoy engañando a mi misma. Digo que sé lo que me hago, que será solamente uno más, como el resto, pero en el fondo, sé que no es eso lo que yo quisiera. Miento una vez más.
También mentí cuando dije que a lo mejor me llegaba a interesar por Cosme más de lo normal. No es que mintiera, es que me confundí. Después de nuestro encuentro, hablé solamente una vez con él, y al preguntarle qué opinión había tenido de mí, el resumen había sido “se está bien contigo”. El había dicho que si nosotros tuviéramos una relación, él no me dejaría salir con otra gente. Por otra parte, normal. Lo que sucede es que para que yo accediera a ello tendría que estar enamorada, y por ahora, no se daba el caso. Así que imagino que Cosme ha ido a parar al baúl de los recuerdos.
Quien mandó un sms el día de Navidad y me dejó bastante sorprendida fue Ernest. A los pocos días hablamos. Dijo que siempre había creído que entre él y yo podía haber algo muy bueno, porque le resultaba interesante y atractiva, pero que por una serie de motivos tardó tres meses en conocerme. Dijo que después de aquel encuentro aún se había quedado más con las ganas.
- Desde ese día empezaste a correr y aún no has parado –aún bromeé.
- No es eso, es que se me complicaron las cosas con el viaje, pero siempre me he acordado de ti. Ese día que comimos juntos estuvo muy bien, y no he conseguido quedar nunca más (culpa absolutamente mía).
- Ya veo que eres un hombre muy ocupado.
- Es uno de los propósitos de cambio para 2008. ¿Aún quedarías conmigo?.
- No tengo muy claro que tú quieras –dije.
- Sé que es la impresión que he dado, pero te equivocas.
Tuvimos una conversación que me dejó bastante sorprendida, cuando yo lo había apartado totalmente de mi vida.
- Ese día estuve a punto de besarte.
- ¡Vaya! –sólo se me ocurrió decir-. Ya te dije la última vez que me lo anulaste que o lo bueno se hace esperar o que “lo nuestro” es imposible –añadí al fin.
- Esperaremos. Y... y si te veo y me apetece besarte.... no sé, ahora especulo...
Yo me reí, pero no me quedó nada claro que es lo que yo quería de él.
Siempre he creído que sus excusas han sido mentiras, y si no, al menos verdades a medias. Ahora no sé que debo creer.
Ayer casi quedé con César, después de tanto tiempo sin verlo. El problema es que él tenía una cena.
- Podría venir antes, pero no es mi estilo, y además me sabría a poco. Si quieres puedo venir después de la cena.
Le dije que sí, pero sabía que eso no pasaría, pero de él no me importa. Ya se lo había dicho antes, “de los hombres no espero nada”. Y eso sí que es cierto.
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02/01/08
Fin de Año
Hace cuatro años pasé la noche de Fin de Año en Brasil, más concretamente en Río de Janeiro. Allí la gente se viste completamente de blanco y corre a las playas de Copacabana donde hay música, tenderetes de comida, y fuegos artificiales. Yo estuve ahí, pero mi mal humor no me dejó aguantar a las doce campanadas y los fuegos artificiales, y me fui a dormir al hotel, dejando a mi (entonces) marido, sin poder disfrutar de esa noche.
Al año siguiente ya estaba separada, y para la noche de Fin de Año había quedado con un amigo. Esperé en vano. Por suerte para mí, sin demasiadas expectativas, pues pasé la noche chateando por Internet. Seis meses después supe que esa noche mi amigo tuvo un accidente de tráfico que le dejó tres meses en coma. Como excusa está bien, pero nunca llegué a corroborarlo porque, a pesar de que habíamos hablado de quedar cuando terminó con la rehabilitación, eso nunca llegó a producirse. Uno más de mi colección de indecisos.
El siguiente año tuve niños. Fue un Fin de Año casero y tranquilo.

El año pasado tenía que haberlo pasado con Koldo, así lo habíamos hablado. Pero tres días antes me había dejado plantada con su “no tenemos futuro”. Aunque, en su línea, la noche de Fin de Año me dejó un sms preguntándome qué iba a hacer, y si me gustaría verlo. Le dije que sí, pero, naturalmente, no se presentó. La gracia del tema está en que este año me ha suplicado, literalmente, quedar conmigo esa noche. Le dije que no, tenía mil razones para no verlo, pero, principalmente, porque había quedado con Celso.
En realidad con Celso había quedado el sábado pasado, pero aquella misma mañana se lo anulé. Esta vez era yo la indecisa. Mi “relación” con él tenía que terminar. Llevábamos tres años y medio de conversaciones por Internet, envío de fotos, mensajes, y también sesiones de cibersexo (para qué ocultarlo). No tenía mucho sentido seguir con ello, y últimamente él no dejaba de insistir para conocernos. Me decidí. Si nos encontrábamos y no le gustaba (lo que yo me temía), nos veíamos, charlábamos y punto pelota. Si le gustaba (es lo que él aseguraba que sucedería), pues moriría matando, al menos le poníamos la guinda al pastel. La “relación” acabaría de todos modos.
Decía que le anulé la cita del sábado noche. “Pero.... ¿para el 31 sí que estás libre?” había añadido él. A mí me sorprendía que un chico de 25 años quisiera pasar una noche como esa con alguien de mi edad, a quien todavía ni tan siquiera conocía, y estaba convencida de que no vendría (la voz de la experiencia, supongo). Con el hándicap añadido de que vive en un pueblo a una hora de distancia de mi ciudad.
Así que el lunes por la mañana, cuando apareció un sms en mi móvil.
Celso: ¿Cómo lo tenemos esta noche?. Como habías dicho que me dirías algo...
Bueno, decidí coger el toro por los cuernos y aceptar. Al fin y al cabo, como he dicho antes, no perdía nada. Hasta ahora me sentía nerviosa e indecisa, pero en el momento en que le di mi dirección y fijamos una hora, ya se me pasó todo.
Pero.... quince minutos antes, un nuevo sms.
Celso: Hola guapa, resulta que hay un pequeño problema. No puedo ir en coche. En casa lo saben y no quieren que lo coja en una noche como esta. Se han puesto como una moto ...
Yo ya estaba convencida de que, una vez más, el uno por el otro, se anulaba. Cuando seguí leyendo.
“...¿Qué hacemos? ¿Cojo el tren o me vienes a buscar tú?. Lo que sea más rápido”.
Bone: Ven en tren, te recogeré en la estación.
Celso: Voy ahora mismo, te digo algo. Pero me tendré que quedar hasta después de las uvas como mínimo...
Agradecí enormemente que se tomara esa molestia de coger el tren en una noche como esa, pudiendo haberse quedado con sus amigos.
Cuando llegué a la estación, aparqué en doble fila. El salió enseguida, me miró, sonrió y agitó la mano. Era dolorosamente joven, mucho más de lo que parecía en las fotos o por la cam. Subió al coche, llevaba una botella de cava, me dio dos besos y empezamos a hablar como si nos conociéramos de mucho tiempo. De hecho, así era.
Era muy atractivo, y con unos ojos verdes transparentes que echaban hacia atrás. Una vez en casa bebimos, cenamos, vimos la tele, hablamos. Al final susurró: “Aquello que temías de que no me gustaras, estabas muy equivocada” dijo sonriendo.
- Prepararé las uvas –dije.
Él me miró sonriendo.
- Es que...
- ¿No te gustan las uvas?.
- ¿Tienes turrón? ¿Suchard?.
Me reí, era bien del todo un niño, pero un niño encantador.
Naturalmente se quedó a dormir después de celebrar largamente la entrada del nuevo año. Al día siguiente le acompañé hasta su casa en mi coche.
- Me mandas un sms diciendo que has llegado bien –dijo al despedirse.
Lo hice:
Bone: Ya estoy en casa. Ha sido un Fin de Año perfecto.
Enseguida recibí respuesta:
Celso: Mucho, ¿no? Me alegro de que te haya gustado. Venga, guapa, entonces nos seguiremos viendo, besos.
No sé yo si seguiremos viéndonos o no, pero el recuerdo de tal como ha empezado el nuevo año, no me lo quitará nadie. Ahora ya me puedo morir.
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